Sus ojos se encontraban cerrados mientras apoyaba su cuerpo en el muro de piedra de la residencia de al frente. Ensimismada observaba al frene, conflictuada mordía los cueros sobresalientes de su dedo pulgar. Se detuvo cuando este comenzó a sangrar y cuando el metálico sabor de la sangre llegó a su boca. Realmente no sabía que debía hacer. Se había levantado aquella mañana con la cabeza en todos lados. No podía evitar pensar en la conversación que había tenido hace unos días con el señor O’Neill y luego con la de James. Quizás estaba siendo una mujer muy contradictoria al estar parada al frente de la residencia del hombre el cual ella rechazo y que prácticamente juro que no volvería con él. Cuando los días pasaron comenzó a creer que quizás no debería haber sido tan determinante en sus

