―A mediados del siglo XIX, más o menos, el campanile de San Floriano, que, de todas maneras, no cambió su posición original, unos treinta años después el del Duomo, que en cambio fue puesto en una posición distinta de la original. ¡No continúes a decirme que no lo hicieron adrede! ¡Deberemos extender nuestras investigaciones a documentos, planos y proyectos de la época para intentar comprender algo más, querida Antonella! ―O más sencillo, mi querida Lucia, podríamos visitar los lugares que nos interesan. Aprovechando el hecho de que mañana el complejo de San Floriano estará abierto, podríamos colarnos por las escaleras que conducen a la parte alta del campanile y llegar hasta la ventana señalada por la sombra. Y, ¿por qué no?, también podríamos bajar a los subterráneos de la catedral. Aun

