ZAYN Alto, hombros anchos, cabello rubio, ojos azules, embutido en un traje n***o en su complejidad. Parece haber salido de un cuento de los hermanos Grimm o qué sé yo. No es ningún fantasma, pero, a juzgar por el infierno que carga en los ojos, es muchísimo más peligroso que eso. —¿Zayn Pravesh? Me llevo la mano al centro del pecho en un intento vano por ralentizar los latidos de mi corazón ya agrietado a cuenta de un infarto. —¿Sí? El hombre tiene una mirada fría, distante… tanto, que se rehúsa a hacer contacto visual conmigo. —Soy Lucien Cooper, del Departamento de Policía de Milán. Mientras se presenta, saca una tarjeta de presentación junto a una placa adjunta que no dudo mirar en ningún segundo. Así que, procurando procurar un pánico que se me antoja extremadamente irracional,

