Apoyo

2123 Words
La mañana de ese viernes, era la de un día esplendoroso. Los rayos que se colaban por la habitación de Bárbara la hicieron despertar, con ella desperezando en su cama, la noche anterior le costó conciliar el sueño, al recordar la razón se puso boca arriba, mirando el techo. Comenzó a cuestionar su elección de elegir protagonizar un papel como el de Juliana Valdés, y todo lo que acarreaba, pero al pensar en que todo ello lo iba a hacer de la mano de Macarena, se le dibujo una sonrisa en su rostro que compaginaba con el lindo amanecer que se colaba por su ventana. Macarena, ¿por qué me inspiras tanta confianza? No te conozco, pero mi cerebro te trata como si nos conociéramos de toda la vida... ¿quién eres? —miró hacia su celular y lo tomó para encenderlo—. Necesito saber más de ti. Serás mi novia, mi linda novia, en esta aventura. El aparato la sacó de pensamientos al sonar con varias notificaciones, pero sólo uno le llamó su atención, y leyó con detenimiento el último mensaje. Novia: Hoy será un día o muy difícil o muy alegre para ti. Para cualquiera de las dos opciones estaré disponible, o brincamos de alegría o te apoyas en mi hombro. Dios, ¡¿puede ser alguien más dulce, encantadora y hermosa en la vida?! Exclamó, sonriendo al decir hermosa, su sonrisa era más amplia de lo habitual, respira profundo y decide responderle. Bárbara: Buenos días. Anoche quedé rendida —mintió para no entrar en detalles—, disculpa por no responderte. En el desayuno les daré la noticia, aunque sé lo que vendrá me alegra mucho poder contar contigo. ¡Gracias! Novia: Novia estaré atenta de ti, me puedes escribir para lo que necesites. Bárbara: Lo haré —respondió, dejó su celular a un lado y se levantó caminó al cuarto de baño, a prepararse para su día. Ya estaban todos sentados en la mesa, compartiendo de una que otra anécdota o plan para el día. Estaban los padres, los hermanos y el novio junto a Bárbara en la mesa, disfrutando placenteramente, hasta que tocaron el tema que tanto quería evitar. —Barbie, cuéntanos como te fue en el canal ayer —habló su padre, quien degustaba de su café y la miraba a esperas de su repuesta. —Papá ha sido excelente —respondió con una sonrisa y agarró para tomar de su zumo de naranja. —Cuéntanos, mi amor —intervino su novio. Todos estaban atentos a su respuesta, debía hablar. Bueno vamos, es ahora o nunca... —Sí, me dieron un coestelar para la novela —soltó. —¡¿Qué?! ¿Vas a ser la novia de Gonza siempre? —pregunta su hermana quien le había planteado la posibilidad que quedaran como pareja, ya que él sería uno de los protagonistas. —No, no voy a ser la pareja de Gonzalo —dijo y le sonrió. —¿Y entonces de quién? Hija. —Su Madre era ahora quién la interrogaba. —Seré la cuñada de Gonzalo. —Pero es que en la novela sólo tendré dos hermanas —dijo él confundido. —Exacto, seré la novia de tu hermana menor: Valentina —disipó sus dudas. —Repite lo que acabas de decir —pidió su padre—, ¡¿NOVIA?! —se exasperó, levantándose de la mesa. —Tranquilo suegro, esto evidentemente es un chiste del humor n***o de Barbie. —Se puso de pie y trató de convencerlo. —No —replicó la morena—, no es un chiste, es en serio, me contrataron para ser pareja de una mujer, ella y yo seremos la primera pareja gay que saldrá en TV de señal abierta de este país —detalló su papel y siguió a tomar más de su jugo. —¿Y por qué has dicho que sí? ¡¿Estás loca?! Yo no voy a permitir semejante barbaridad, ¿cómo me hacen esto a mí en el canal? —vociferó el padre. —Amor, esto no puede ser cierto, tú no eres gay, no puedes hacer eso —respaldó Gonzalo. —Un momento, mi hermana puede hacerlo, claro que sí, es una actuación, y ¿qué si es como gay? —exaltó la hermana, estaba molesta ante las insinuaciones de los dos hombres. —Hermanita, vas a hacer historia. Muchas felicitaciones. —Su hermano levantó su vaso con zumo sonriente en señal de brindis y ella le correspondió. Él no había dicho ninguna palabra, desde que su padre estaba alterado allí de píe junto a su cuñado. —¡Claro que no! Tú no vas a aceptar semejante atrocidad —insistió su padre. —Hija, tenemos que hablar, esto es algo fuera de lo común, sabes que siempre te hemos apoyado en lo que has hecho, pero esto... esto... —¿Esto qué Mamá? —La hermana le quitó la palabra—. ¿Esto es un deshonor? Pues, ¡no! estamos en pleno Siglo XXI, entiendan que esto es un tema normal, bueno debería ser algo normal... No lo que ustedes —señaló a los hombres—, están insinuando —concluyó. —Mi amor, entiende, voy a ser el hazmerreír cuando salgas besándose con Macarena Achaca en TV... —expuso su novio. —¡¿Macarena Achaga?! ¡Oh por Dios! Hermanita ella es muy, pero muy linda y sexy... —espetó el hermano con cara de niño viendo una golosina. —No la vas a tener tan difícil, es muy linda y se ve que es buena onda, me encanta como cuñada —dice la hermana para hacer enfadar más a los hombres, que los escuchaban con caras de muy pocos amigos. —¡Ya! Basta, no sigan hablando más del tema porque eso no va a ocurrir. Está prohibido que tomes ese papel Bárbara, y es mi última palabra —dijo su padre poniendo violentamente los puños sobre la mesa, haciendo un ruido brusco para todos. Bárbara se levantó de la mesa con expresión de enfado. —Lo lamento, Papá, ya no hay vuelta atrás. No voy a rechazar ese papel, y espero que mi interpretación sirva para que mucha gente como tú deje esos prejuicios tan absurdos y respeten a cada persona por lo que es, no por lo que a ustedes le parezca que es bien —habló enfadada dejando a todos en silencio. Su Padre y Gonzalo estaban más molestos ante lo que consideraron su insolencia. Ella pudo leer sus rostros y decidió salir, agarró su cartera, la cual había dejado lista en el living y salió de la casa. Los hermanos se levantaron de la mesa y fueron tras de ella, mientras los dos hombres se quedaron molestos y diciendo sandeces. —Barbie... hermanita... —la llamaron sus hermanos al alcanzarla en su camioneta—. ¿A dónde vas así? Vamos, voy contigo estás alterada —propuso la hermana. —No, tranquilos mis amores. Yo estoy bien. Sabía que se iban a poner así —les sonrió sinceramente y ellos se tranquilizaron—. Gracias por sus palabras y apoyo. Los quiero full. —Siempre cuentas con nosotros hermanita. —Sí Barbie, eres la mejor... —expresó la hermana. —Ve tranquila entonces... ¡Ah! Y cuando veas a la súper hermosa de Macarena Achaga dile que tu hermano es su más ferviente admirador —dice sonriente con una pose de galán. —Vale, seguro. —Todos sonríen, ella se despide con un gesto... pone en marcha su camioneta, coloca la radio y sigue. Les regala de nuevo una sonrisa a sus hermanos y se marcha en su vehículo. Iba al volante y estaba muy consternada por lo ocurrido... deseaba llorar, pero quería aguantar las ganas, presentía que si empezaba ya no podría parar. Siguió conduciendo, tarareando las canciones para distraerse de los pensamientos que le agobiaban, por culpa de dos de los hombres más importantes en su vida. Aparcó la camioneta al frente de una plaza. Quería tomar aire fresco, pero al recordar que estaría sola en esa plaza lo pensó dos veces. No era amante de estar sin compañía en lugares desolados y en ese momento la plaza estaba así. Agarró su celular y encontró mensajes, uno era de Macarena y los otros de sus hermanos, se dio cuenta que tenía casi dos horas deambulando sin rumbo fijo cuando se puso a leer los mensajes. Novia: No me pude aguantar más, sorry. Muero por saber de ti. No me dejes en ascuas por más tiempo. ¿Podemos almorzar juntas? ? Sonrió tiernamente al leerla, se alegraba de la empatía que tenía con ella. Le era genial. Siguió leyendo los mensajes de sus hermanos, pensando en qué responderle a Macarena. Hasta que se decidió. Bárbara: Sí, si podemos. Necesito de alguien... y nadie mejor que tú ahora. Continuó respondiendo a sus hermanos para tranquilizarlos. Y se percató de que recibió respuesta. Novia: Dime dónde paso por ti. Bárbara: Tranquila, estoy en mi camioneta, dime a dónde voy. Novia: Estoy en mi casa. No quise salir hasta saber de ti. Bárbara: Voy hacia allá. La morena encendió su coche y se dirigió al sitio acordado. Tardó como veinte minutos en llegar, e iba con una sonrisa por la anticipación de verla, claro, ella no lo notaba. Una vez juntas, decidieron ir a almorzar, pero Macarena al ver su cara, pues rastros de haber llorado se evidenciaron, le pidió que la dejara conducir y así lo hicieron. En el restaurant comieron y charlaron de otras cosas, nada referente a la mañana de la morena. Macarena no necesitaba muchas indagaciones para saber lo que había sucedido. —¿Te parece si nos perdemos hoy y mañana de la ciudad? —le propuso, ya que era costumbre de ella ir a su casa a las afueras de México para descansar y respirar aire puro. Siempre le resultaba el desconectarse de todo. —¿A qué te refieres? —Creo que necesitas despejarse... y yo, quisiera facilitarle el ir conmigo al sitio en el que encuentro paz y tranquilidad, cuando tengo una carita así y creo que hasta peor que como cargas la tuya ahora —sonríe. Bárbara se toma su rostro. —¡Oh por Dios! Seguro parezco una zombi —dijo apenada. Macarena le toma sus manos y le descubre su rostro. —No, jamás. Créeme, conozco muy pocas personas que se vean tan bellas así al natural como tú. Eres hermosa —hizo una pausa y Bárbara sentía como se derretía lentamente y el calor lo sentía en sus mejillas—. Me refiero es a que estás muy triste —acarició la mejilla de la morena. —Maca yo... —bajó su cabeza. —No quiero forzarte a que me cuentes nada. Cuando lo quieras hacer soy todo oídos para ti. Sólo quiero que disfrutes de mi pedacito de paraíso aquí, a las afueras de la ciudad y puedas desestresarte —le propuso. —Pero no estoy preparada... y por ahora no quiero ir a mi casa —se quejó, pensando en tener que cruzarse con sus padres para ir por ropa. —Si me dices que sí, y quieres que nos vayamos hoy... Yo me encargo de todo. —Me da pena contigo. No tienes por qué cambiar tu agenda por mi culpa —explicó su renuencia. —Barb, no es ninguna molestia, todo lo contrario. De hecho, estaba evaluando ir para allá a recargarme de energía —hizo una pausa—, cuando empiecen las grabaciones no tendremos mucho tiempo para descansar y desconectar. —La miró sonriente, y se acomodó en su asiento, esperando respuesta. —Está bien. Me has convencido, novia... creo que ya estás usando tus dotes de Valentina Carvajal conmigo. —Sonrieron ampliamente. —Novia, pues déjame decirte que eres muy difícil... a veces... pero soy Valentina Carvajal, nadie me dice que no. Te recuerdo —hizo alusión al resumen del arco de su personaje que habían leído. —Siendo así pues desde hoy estoy en tus manos, tú decides. —Mejor imposible —celebró con euforia. Macarena se encargó de pagar el almuerzo, y su sonrisa no disminuía mientras iba pensando todo lo que debía hacer para llegar juntas a su lugar favorito. Cálmate mujer es sólo una amiga, con la que vas a compartir tu lugar sagrado... sí.... sí, nunca habías llevado a nadie allá, pero piensa... piensa... es Bárbara, se decía a sí misma para convencerse mientras salían del restaurant rumbo a planificar velozmente un súper fin de semana, a solas con la mujer que se había metido en sus pensamientos desde el día anterior sin ningún tipo de reparo.
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