«¡Buenos días!», dijeron dos chicas al mismo tiempo para dirigirse a la recepcionista del Departamento de Dramáticos de Televisa —cadena de televisión de mayor importancia en México—, apenadas, ambas se sonrieron mutuamente al darse cuenta de la coincidencia.
—Perdón, tú primero —dijo la morena, quién sonríe y queda en silencio admirando los ojos de la chica que estaba parada casi a un metro de distancia de ella.
¡Qué color tan hermoso! ¿Son azules o grises? ¡Preciosos!, pensaba, mientras disimulaba la atención, ajena a todo lo demás.
—No, discúlpame a mí. —Sonrió—. Tú primero… me distraje en mi celular —se disculpó la más alta, ya que mostrando su celular dejó evidenciar que por usarlo no se percató que ella estaba primero en el área de recepción.
Quedaron unos segundos en silencio, cada una con una sutil sonrisa; admirándose mutuamente.
La recepcionista carraspea, para interrumpir las miradas de las chicas diciendo:
—Señoritas, ¿en qué les puedo servir? —quiso saber.
La mirada de la morena a la ojiazul le hizo entender que podía hablar de primera, ella asintió en agradeciemiento por su consentimiento.
—Muy amable, tengo una reunión con el Señor Carlos Bardasano. Soy Macarena Achaga. —se presentó.
Causando curiosidad en la morena, se fija en la hora, y es la perfecta, ella tenía reunión con la misma persona.
—Disculpen —interrumpió la morena a la recepcionista y la ojiazul—, anúncieme a mí también, tengo una reunión con él a esta hora —resaltó—, soy Bárbara López —dijo amablemente, haciendo que la persona encargada las anunciara.
No hizo falta palabras entre ellas para demostrar la curiosidad por dicha coincidía. Se regalaron otra sonrisa.
—Perfecto, Señoritas, por favor sigan —les señaló la puerta de la oficina del director.
Ambas chicas agradecieron y sonrientes se encaminaron al sitio. Ya pronto saldrían de sus dudas.
A unos pasos de la puerta, la ojiazul rompe el silencio. —¿Bárbara? —estira su mano— Un placer, soy Macarena —se presentó.
—Oh sí, no fue la mejor de la presentación allá, eh —señaló la recepción y estrechó su mano—. Soy Bárbara, y el placer es mío. —Sonrió—. Ahora, sí a salir de dudas —señaló la puerta y la abrió, para darle paso en primera instancia a la ojiazul que amablemente había tenido la iniciativa de presentarse.
—Gracias.
—Maca, Bárbara. ¡Bienvenidas! —las saluda con un beso y les señala el sofá de su oficina amplia y exquisitamente decorada oficina. Cuando ya estaban los tres sentados, empezó él, para disipar la curiosidad de aquellos rostros—. Ustedes ya se conocen, ¿verdad? —miró a ambas como si eso fuese algo normal, la dos se miraron extrañadas una vez más, negando con extrañeza.
—Bueno nos conocimos aquí, afuera, en tu recepción —indicó Macarena.
—Oh, bueno, suele pasar, ustedes trabajaron juntas hace poco en una película, coincidió el dato en sus hojas —expuso el porqué de su suposición anterior.
—No, yo sólo estuve en dos tomas, así que no coincidimos —miró a la ojiazul de cabellera rubia.
—Excelente, bueno, Macarena, Bárbara —las miró en ese orden—, estoy muy feliz de que estén aquí. El motivo es el siguiente, luego de las audiciones a las que asistieron para nuestro nuevo proyecto, hemos tomado una decisión y debo planteárselas para concretar —se acercó a la mesa de centro frente a él y tomó dos libretos, como de doscientas páginas y se los entregó a cada una—, de más está decirles que de no aceptar la propuesta nada de lo que hablemos aquí podrá salir de nosotros tres —explicó al entregarles el material y ambas asintieron.
Las chicas revisaron el material, efectivamente era un libreto, para dos personajes; la morena no se familiarizaba con ninguno, pues no había adicionado para ninguno de esos dos, confirmando entonces que no estaba por ese papel, por el que había adicionado. Aumentando su expectación.
Caso contrario en la rubia, que estaba conforme con uno de los personajes, estaba segura que había sido seleccionada para ese rol, sin embargo, ver los dos personajes en el libreto doble que tenía en sus manos, volvió a dibujarle en la cara un rasgo de incompresión, por ello se atrevió a preguntar:
—Carlos, si me ayudas a entender será mejor. —Mostró el extenso material en sus manos—. No pretenderás que leamos todo esto ya. —Hace una graciosa mueca denotando que era demasiado y los hace sonreír a ambos.
—Concuerdo contigo —dijo la morena, llevando su vista sonriendo hasta el director.
—Ustedes nos parecen perfectas para protagonizar la primera pareja lésbica, que el canal desea sacar al aire en televisión abierta —les dijo sin más. Viendo como automáticamente las dos elevaron a la enésima potencia la cara de asombro que ya les gobernaba, y mirándose entre ambas.
—Entiendo, entiendo —prosiguió—, estamos contando con su profesionalismo, pero igualmente sabemos que es algo nuevo para cada una de ustedes, y que, consecuentemente, puedan sentirse incomodas, es por ello que las voy a dejar aquí unos minutos, para que lean algo del material y entre ustedes decidan —explicó.
—Yo no tengo problemas Carlos, es más, sería un privilegio, no me la ponen tan difícil si mi novia va a ser una chica tan guapa —mira a la morena simpáticamente, quien queda asombrada ante sus palabras, y sonríe para soltar la tensión del momento, obviando el sonrojo que subía por todo su rostro.
—Gracias, Maca, pero igualmente las voy a dejar a solas, lean el material, en resumen. Si aceptan, ustedes van a escoger a cuál de las dos chicas quieren interpretar, estamos siendo lo más flexibles posible. Lo que nos interesa en primer plano es que ustedes estén cómodas al representarlas.
Vaya que sí están pasados de flexibles, tantas concesiones… ¿será porque también van a mostrar una escena subida de tono?, supuso para sí Macarena, agarrando el libreto de nuevo para salir de dudas.
—Está bien te daremos una respuesta, en unos minutos —aseveró Bárbara, mientras el director revisaba la hora.
—Les daré media hora, tengo que asistir a otra junta. ¿Quieren algo de tomar? —indagó.
«Agua», volvieron a coincidir, generando las acostumbradas sonrisas que venían espontáneamente desde que se conocieron. Mientras el hombre salía de la oficina y hacía la orden para atenderlas a ellas.
—Barb, ¿no te sientes a gusto? —Fue lo primero que se le vino a la mente preguntar, para saber el porqué de su silencio.
¿Barb? ¿Eh?, la morena quiso sonreír de nuevo, pero se contuvo.
—No, no es eso —dijo saliendo de sus pensamientos, nadie la había llamado así antes con una confianza tan rápida—. Sólo que mi padre es muy conservador, sé que esto no le va a agradar.
—Perfecto, bueno, si quieres, le pedimos más tiempo a Carlos, para que tú hables con tus padres, y estés a gusto con tu respuesta —propuso la rubia, hojeando el libreto, fijándose sólo en el nombre resaltado de las escenas.
—¿Tú no tienes ninguna duda al respecto? —moría por salir de su curiosidad.
¿Dudas? —debatió para ella misma—. No, he de confesar que es porque eres tú siento la tranquilidad de decir si, ¿pero por qué?, respondió mentalmente. Cruzó sus piernas y llevó su mano a sostener su mentón insinuando que pensaba intensamente, pero bromeaba, estaba era invadida por curiosidad al extremo, pero una curiosidad que le excitaba, era algo nuevo.
—No tengo ningún problema con interpretar a cualquiera de las dos, ya había audicionado para el papel de Valentina Carvajal, mi única inquietud, era saber quién sería mi pareja, y al conocerte no sé... Me has parecido muy agradable. —La miró fijamente, sus ojos azules estaban casi eléctricos, la morena quedó como hipnotizada con el color que por fin pudo definir—. Es más, creo que llegaremos a ser buenas amigas. —Sonrió.
—Espero que sí. —Desvió su mirada al libreto—. Esto lo va a ameritar —indicó.
—Será una experiencia muy agradable.
—Entonces… —Trató de modular su voz—. Tú serás Valentina, yo había audicionado para el papel de la hermana mala, Eva. Asumo que nos hará la vida imposible en la novela. —espeta la morena y ambas sueltan una carcajada.
—Tranquila, novia mía, te defenderé de Eva Carvajal —bromeó con voz melodramática.
Sonrieron hasta que Bárbara se desinfló y se recostó en el espaldar cambiando su semblante.
—¡Oh Dios! No había pensado en Gonza.
—¿Quién es él?
—Mi novio, estoy segura que no le va a agradar mucho la noticia. Lo vas a conocer, él trabajará en la novela como tu hermano.
Macarena sonríe.
—O sea que tu novio será tu cuñado —rió divertida—, pero ya va, ¿por qué dices que no le va a agradar? Si es actor debe ser más comprensivo en el tema.
—Eso debería ser así, pero es muy machista —masculló.
—Sigo insistiendo, si quieres, pedimos tiempo hasta mañana y tú aclaras todo antes de aceptar —propuso algo inquieta la rubia.
¿Aclarar? Si lo tengo muy claro, me muero por trabajar contigo, ante una oportunidad como esta… no encontraría mejor par..., se dijo a sí misma.
—No tengo nada qué pensar, es mi carrera y si dejo que ellos se entrometan, entonces se quedaran mal acostumbrados —dictaminó.
—Te admiro —dijo sinceramente la rubia, mirando a sus ojos fijamente—, estoy segura que nos vamos a divertir mucho… un mundo.
Las dos asintieron y siguieron hojeando el libreto, tanto Macarena como Bárbara, estaban agudizando la ojeada en las páginas con títulos de interés, les causada mucha intriga las escenas de amor entre ambas, eso era lo único que causaba inquietud en ellas al respecto.
Tomaron el agua que la secretaria les había llevado a la oficina, ambas estaban sedientas, la noticia había afectado la normalidad de sus fisionomías, pero habían conseguido tanto la una como la otra un ancla, y eran ambas, mutuamente, las que se generaban la tranquilidad que requerían.
Carlos comentó que seremos la primera pareja lésbica en señal abierta, es imposible que nos lancen a una escena s****l, así de buenas a primeras…, pensó Macarena.
En el otro lado del sofá Bárbara hacía lo mismo sacando conclusiones, una escena de alto contenido s****l no puede haber, aquí he leído sólo del primer beso, un beso… ¿cómo será besar a ella? Sus labios son tan... Ufss... Nunca lo he hecho, ni por mi mente había pasado… ¿y si mis nervios me lo impiden hacer bien?
—Aquí, en esta escena del primer beso, te confieso me da nervios, nunca lo he hecho —dijo Macarena expresando con gracia su inquietud—, es posible que ese día me tome dos tragos de brandy antes de salir a escena —bromeó.
—Pues te acompañaré, pero con mezcal. —Ambas rieron a carcajadas. Estaban transmitiéndose mucha serenidad en cuanto al tema, Macarena había tratado todo con mucha naturalidad y la morena denotaba su profesionalismo, ante todo.
Debo averiguar quién eres Macarena, tengo tarea, lo fijó como nota mental.
Pasaron los minutos y llegó el director.
Le comunicaron la decisión. Él les aconsejó llevarse los libretos, explicándoles que no era la totalidad de sus escenas, y que siempre estarían atentos de ellas ante cualquier “inquietud” para grabar cualquier escena a lo largo de la novela. Eso las dejó pensando. Les especificó las reuniones con sus agentes para el contrato y luego la firma. Se despidieron del director.
Salieron de la oficina y seguían conversando, como si de unas amigas de años se tratara, la confianza que emitían.
—Barb, ¿quieres almorzar conmigo? —El diminutivo le causaba gracia a la morena, y le ayudaba a llevar todo más relajado.
—Me parece buena idea —aceptó distendida.
—¿Traes coche?
—No, me vine esta mañana con mi Papá, él trabaja aquí —le explicó.
—Ah que bien, así que tu Papá y tu novio trabajan en este medio, creo que te preocupas de más —trató de seguir tranquilizándola.
—Ya lo veré… —dijo sin más, caminando hacia el coche de la rubia.
Ya en el vehículo, Macarena le dio potestad para colocar música a su gusto, puso a sonar una de sus playlist, y le encantó a lo rubia. Era como si se conocieran de toda una vida, y no desde hace unas horas atrás. Eso les fascinó, a ambas.
Acordaron ir a la casa de la rubia y comer allí para mayor comodidad. Ella vivía en uno de los edificios residenciales más lujosos de la Ciudad de México. Bárbara estaba impresionada de lo tranquila y nada presuntuosa que era su «novia». Estaba encantada con su personalidad.
Macarena vivía en el último piso, la vista era impresionante, la pelinegra se acercó emocionada al ventanal y se mareó al llegar allí, por la altura. La rubia se percató y pudo sostenerla, Bárbara se recostó en su hombro, escondiendo su cabeza en el cuello estilizado de la rubia, para pasar así su descompensación momentáneamente, se aferró a ella, que era un poco más alta, e inspiró el aroma embriagador de su compañera, perdiéndose en él.
Macarena, la abrazó y luego llevó su mano a la mejilla de la morena, la acarició apaciblemente, para reconfortarla por su malestar, su rostro era perfecto, su mandíbula perfilada y una barbilla cuarteada que le parecía extremadamente sexy y que había ansiado acariciar y vio perfecta la ocasión. La morena cerró sus ojos ante el contacto.
—¿Ya estás mejor? —pudo sentir como asintió y se separó. Vamos siéntate, se separó lentamente y la guío al sofá.
—Disculpa, parezco una niña —dijo haciendo un mohín.
—No, bueno, sí, pero por lo hermosa que eres... Lo del mareo es normal —cambió el tema de inmediato—, son varios metros de altura, créeme a mí me costó adaptarme al principio —intentó calmarla mientras le acarició la mejilla otra vez.
Luego de unos segundos, y ya más calmada, siguieron conversando de la comida que iban pedir para almorzar. Mientras la rubia se encargaba del pedido, le solicitó que se encargara de la música.
Estaban distraídas escuchando las melodías y conversando de trivialidades, llegó la comida y la devoraron.
Decidieron descansar en el sofá, una al lado de la otra, por unos minutos, para continuar leyendo el libreto; tenían ocho días para comenzar a grabar y decidieron comenzar juntas a descubrir el personaje de cada cual.
—Maca... Discúlpame la intromisión —habló en medio del reposo—, ¿tu familia vive aquí? ¿Tú novio?
—Tranquila… puedes preguntar lo que quieras. Mis padres viven en mi tierra, Argentina, mi hermano querido, que es como mi niño, vive aquí, también es actor, es del elenco de «Team Rock». Y novio no tengo.
—Ya va..., es mucha información, ¿eres Argentina? —preguntó asombrada, la rubia asintió— ¡Pero tu acento es mexicano!, eso quiere decir, ¿tienes tiempo aquí? Y qué padre que tu hermano sea de ese elenco —comentó.
—Llevo años viniendo a México, aquí estudié actuación, aquí me he formado, pero desde los dieciséis, he trabajado en varias partes de Latinoamérica en Chile, Colombia, Perú, mi Argentina y aquí, donde me han abierto muchas puertas —le explicó.
—Con razón no nos habíamos encontrado antes, y discúlpame que no sepa de tu carrera, es impresionante —acotó.
—Gracias, y no te disculpes, tampoco sé de la tuya. Así que te entiendo. Háblame de ti.
—Ya va, antes de cambiar de tema, ¿cómo es que una mujer tan hermosa como tú no tiene novio? Eso es increíble —expresó, luego pensó que debería afinar la forma de dirigirse a ella.
—No, no tengo, he tenido mala suerte en el amor —lo dijo recordando su mala experiencia con su ex—, mi norte está en mi carrera y mi familia, para darles lo mejor que tengo de mí. —Sonrió entre dientes, tratando de olvidar aquellos pensamientos que le vinieron a colación.
Bárbara se percató de lo incomoda que se puso con el tema, era la primera vez que la vio con rabia, triste, melancólica, era una mezcla de todas esas emociones. Y trató de animarla.
—Pues, Señorita, yo voy a ayudarla a creer en el amor otra vez —la miró con seriedad—, no puedo tener una novia apática a uno de los mejores sentimientos del mundo —le dijo haciéndola sonreír mientras le tomaba de sus manos—. Debemos enamorarla con nuestras interpretaciones —corrigió.
—¿Estás muy enamorada de tu novio?
—Eso es complicado —suspiró—, llevamos casi seis años juntos, no sé si vamos encaminados para un «toda la vida juntos», pero sí, lo quiero.
—¿Viven juntos?
—No, decidimos mudarnos juntos cuando estuviésemos seguros, aunque sí pasamos tiempo juntos, mucho diría yo, pero vivir juntos no me he atrevido a dar ese paso. Mi carrera y la de él nos absorbe demasiado, vivir juntos sería muy demandante.
—Uhm, creo entender —dijo Macarena, tratando de desviar el tema, también notó que incomodó a la morena—. Bueno ahora sí, a leer, quiero conocer a mi novia, Señorita Valdés —bromeó.
—Claro que sí, hermosísima Señorita Carvajal, muero por conocerla también —rieron y se acercaron a tomar los libretos y se pusieron a leer, el reloj marcaba apenas las tres de la tarde.
Sin buscarlo, pero apreciándolo, aquella fue una tarde distinta para cada una; ese día el destino les había deparado una agradable sorpresa, y conscientes de la responsabilidad, estaban seguras de poder dar lo mejor de cada una, como siempre.