Estaba harta de toda esta pantomima que lo que menos me importaba en estos momentos era escuchar las murmuraciones de un grupo de maleantes desconocidos. Así que me dediqué a vaciar la copa de vino blanco que tenía enfrente, la cual era constantemente rellenada por un joven mesero parado justo detrás de mí. La comida llegó, platillos exóticos y servidos en raciones para niños de 2 años, ¿en verdad pensaban que un adulto podría quedar satisfecho con estas muestras de comida? Era deliciosa, no lo niego, pero en verdad era ridícula la porción que estaban distribuyendo. Llegó la hora del “primer baile de los novios” para circos, el nuestro… yo no tenía idea de cómo bailar el vals, nunca lo había practicado más allá de una coreografía que realicé el día que me gradué de la escuela de educaci

