Al sentir ese metal frio en la palma de mi mano, de inmediato la abrí dejando caer la pistola al suelo, el guardia que estaba a mi lado suspiro, se agacho y levanto el arma intentando ponerla de nuevo en mis manos, a lo cual me resistí apretando mis puños cuanto me fue posible… - Señora por favor, no haga esto más difícil, debemos todos acatar las órdenes del doctor o pagaremos muy grave las consecuencias, le aseguro que entre más rápido lo haga y menos piense en ello será más fácil. Mis ojos llenos de lágrimas buscaron su mirada y con una súplica en mis labios temblorosos le dije: - ¿Puedes hacerlo tu?, te lo suplico, yo no puedo, te prometo que no diré nada y todos aquí guardarán silencio y serán recompensado, pero por favor, te lo ruego… ¡ayúdame! Otro de los guardia

