—¡Ya déjame tranquila! —grité dándole una patada a la puerta. Como lo detestaba.
—Alon, necesitamos hablar, si es que alguno de los idiotas de mis amigos te dijo algo, puedo explicarlo… —su voz estaba más ronca de lo normal.
—¡Por qué no te vas con esa pelirroja! ¡Los vi Nicolás, los vi! —no dijo nada —Desaparece de mi vida, ya estoy harta de perdonar tus idioteces, esta fue la gota que derramo el vaso. Ya me cansé de protegerte, de hablar bien de ti. ¡Todo el mundo tenía razón, eres un maldito mujeriego! Lo que sea que hayamos tenido, porque nunca tuviste los huevos de decirme que carajo éramos, terminó aquí. ¡No te quiero ver nunca más! —grité dejándome caer contra la puerta, mi cabeza me pesaba, las lágrimas no cesaban, me sentía realmente fatal.
—¡Ella se me lanzó! ¡Lo digo en serio!, si no me importaras, crees que estaría aquí dándote alguna explicación, ¡Alon déjame entrar!
Tomé aire, no gastaría mis energías peleando con este imbécil. Subí a mi habitación, ya no tenía nada de hambre, nada de sueño, que se supondría que haría toda la noche. Encima mi celular lo tenía el atorrante de Nicolás. Prendí mi Ipad, comenzaría a dibujar algo para matar el rato. Un recordatorio saltó en mi pantalla, mañana era el concierto. ¡Lo había olvidado por completo! Tenía 0 ganas de ir, yo solo quería tirarme a dormir toda la tarde, comer helado y chocolates hasta más no poder y ver mi serie favorita. ¿Mire me mataría si le decía que no iría?