Eran las 4 de la tarde cuando la novia empezaba a asomarse en el inicio del corto camino que la llevaría hasta el impaciente novio, iba prendada del brazo de un orgulloso padre con ojos acuosos dispuesto a entregar la mano de su hija a la del hombre que prometió cuidarla. Padre e hija no habían terminado de dar el primer paso cuando, desde la primera fila, se escuchó el chillido de Charlotte arrancando en llanto, era una madre que veía a otro de sus polluelos volar lejos del nido. Luego, el sollozo de Selene no se hizo esperar, acompañando al de Charlotte. Tenía sentimientos entremezclados, melancolía y felicidad a la vez. Aquellos sentimentalismos no eran de sorprender, madre e hija ya habían mostrado su lado más sentimental en ese tipo de celebraciones, sobre todo durante la boda de Owen

