Capítulo 2

3792 Words
El restaurante que elegimos con Chris era un acogedor lugar italiano llamado "La Trattoria". Al entrar, fuimos recibidos por una cálida atmósfera adornada con luces tenues y música suave de fondo. Las paredes estaban decoradas con fotografías de paisajes de la Toscana y pinturas de viñedos, creando un ambiente acogedor y romántico. Mientras nos acomodamos en la mesa, empezamos a hojear el menú. —¿Qué te apetece comer? —pregunté mientras pasaba los dedos por las opciones de pasta. —Hmm, creo que me decantaré por la lasaña. ¿Y tú? —respondió Chris, levantando la vista del menú. —Creo que iré por los espaguetis a la carbonara. Siempre son deliciosos aquí —dije con una sonrisa. Después de hacer nuestros pedidos, comenzamos a hablar de cosas triviales. Aproveché para contarle un poco lo que había pasado hoy en la entrevista con Aaron. Chris insistió en que todo lo que pasó fue a propósito, como parte de un plan maquiavélico ideado por él. Me negué rotundamente y cambié de tema a su relación, o no relación, con ese chico que estaba viendo. La atmósfera era ligera y relajada, y disfrutaba mucho de su compañía. Cuando nos llegaron nuestros platos, cabe aclarar que estaban riquísimos, no dudé en robarle una porción a Chris para probar. En ese momento, comencé a sentir las vibraciones de mi celular. Al mirar, el nombre de Aaron aparecía en la pantalla. ¿Qué querría ahora?. En el momento en que contesté, decidí hacerle una pequeña broma como si no supiera quién era. —Scarlet Mcgregor ¿Quién habla? —Contesté medio con la boca llena. —¿Cómo que quien habla? Como si no me tuvieras agendado o estás demasiado ocupada que no pudiste leer el contacto antes de contestar —dice enojado —¿Por qué no estás en la empresa? y ¿En dónde estás?. —Como me dijiste Aaron, los polvos en la empresa no se pueden y hay que resolverlos en otra parte —Conteste mientras tomaba un sorbo de vino. Desde la línea del teléfono juro que podía escuchar su respiración, estaba furioso, hasta diría que tenía la mandíbula y los puños apretados —Además, como bien lo mencionaste, no necesitas de mi presencia para resolver las cosas y más ahora teniendo una secretaria, vas a estar bastante ocupado enseñandole, así que si me disculpas, voy a volver con Chris. —Oh no Scar, no vas a empez…. —Y ahí fue cuando le corté la llamada. El puede estar con quien quiera al igual que yo, si piensa que estoy con Chris haciendo algo ya es cosa suya, además con la música de fondo del restaurant y los murmullos de la gente no creo que enserio piense que estoy con él íntimamente. Sé que a Aaron nunca le cayó bien Chris, mucho antes, cuando salíamos, intenté que se llevaran bien, salir entre amigos a tomar algo, pero nunca pude lograrlo, se terminaban peleando por alguna u otra cosa, siempre el que iniciaba las discusiones era Aaron. Chris, desde chicos, decía que Aaron estaba enamorado de mi, pero nunca pasó nada, nunca intentó nada y jamas me dio algún indicio de que le gustara, solo eramos amigos que tenían una relación más por sus padres que por otra cosa. Después de colgar la llamada, Chris me miró con curiosidad mientras dábamos los últimos bocados a nuestra comida. —¿Qué te dijo Aaron? —preguntó Chris, arqueando una ceja. —El chisme es su pasión. —Nada importante, tonterías. No le dejé hablar —respondí, tratando de restarle importancia al asunto. Una vez que terminamos de comer, Chris sugirió: —¿Quieres pedir algún postre o prefieres ir a otro lugar? —Preferiría ir a tomar un café. Estoy bastante llena, pero antes me gustaría pasar por mi casa a buscar algunas cosas. Estamos de paso, después de todo —Aceptó con gusto mi propuesta, pero no pude evitar soltar una risa cuando mencionó… —¿No será esta una táctica para acostarte conmigo? —preguntó de manera juguetona. Me reí ante su comentario y respondí —Oh, sí, por supuesto. Un lindo almuerzo agradable y ahora sacar la excusa de pasar por mi casa, todo estaba meticulosamente planeado para que pases un rato conmigo. Chris rió junto conmigo —Vaya, qué decepción. Pensé que habías sucumbido a mis encantos. Pero hablando en serio, no quiero que pienses que no quisiera hacerlo contigo. Solo que no me gustaría que sea por venganza o porque te hayas enojado con Aaron. Te tengo un gran aprecio y no me molestaría pasar un rato contigo simplemente para despejarnos o saciar las ganas, pero no porque se lo hayas dicho a Aaron y quieras que él lo crea va a pasar. —Lo sé Chris, tampoco quisiera hacer eso y no lo voy a hacer. Créeme, siempre ha sido así entre nosotros. Si alguno de verdad quiere estar un rato con el otro, con solo decirlo, ahí estamos. Eso no va a cambiar nuestra amistad. Es lo bueno de nosotros. Con una sonrisa, asintió. Mientras dejábamos el restaurante y nos dirigimos hacia mi casa, le mencioné a Chris que me esperara en el auto, que no iba a demorar mucho, solo necesitaba encontrar unos papeles de la empresa que se me habían olvidado por la mañana. —No te preocupes, te espero aquí afuera, soy tu guardaespaldas. Si quieres, puedes llamarme Kevin Costner y tu ser mi Whitney Houston —bromeó Chris. Me reí ante su comentario. Entré al edificio y saludé a Edward, el encargado del edificio, que siempre estaba en la recepción. Edward era una persona amable y servicial. Siempre me recibía con una sonrisa y me preguntaba cómo había sido mi día. A menudo, nos quedábamos charlando un rato sobre la vida. Mientras buscaba en la mesa, la carpeta con los papeles que necesitaba darle a Aaron hoy temprano, me puse un poco nostálgica al pensar en cómo habría sido todo si hubiera estado enamorada de Chris en lugar de Aaron. Chris es un hombre increíble, pero lamentablemente en ese entonces estaba enamorada de Aaron y aunque intenté sacarlo de mi mente, no pude. Chris me hizo recordar eso cuando mencionó lo de acostarme con él por venganza, aunque no fue así como pasó anteriormente. Pensé que podía sacarme a Aaron de mi mente si salía con Chris, ya que él me trataba tan bien, por un tiempo funcionó. Sin embargo, nos dimos cuenta de que nuestra relación era más de amistad. En ese entonces, él era bisexual y creyó que si salía conmigo se le iba a "pasar", pero luego de charlarlo y darle un poco de confianza, y de años después de trabajo, entendió que él no tenía por qué cambiar lo que era o sus gustos, y que la gente debía aceptarlo tal cual es. Con la carpeta en mano, salí del edificio y vi a Chris esperándome apoyado sobre su auto. Sentí que alguien agarraba mi brazo y me daba vuelta. Estuve a punto de darle una bofetada a la persona que me estaba agarrando, cuando me di cuenta de que era Aaron. —¿Qué haces aquí? —pregunté, sorprendida. —Tú —dijo, apuntándome con su dedo —te vienes conmigo ahora, y tú —continuó, aún agarrándome mientras señalaba a Chris, —quiero que te vayas. —Aún con su mano en mi brazo, me llevó directo hasta donde estaba estacionado su auto. Miré a Chris desde atrás, a pocos metros, observando la escena con diversión. Llevó su mano a su oreja haciendo el gesto de teléfono, insinuando que me llamaría, seguramente para que le cuente lo que iba a suceder a continuación. Aaron abrió la puerta del lado del conductor y me empujó suavemente para que me sentara. Cerró la puerta con firmeza, dio la vuelta al auto y se sentó al volante. Mientras él hacía esto, yo, con los brazos cruzados y la mirada fija en la ventana, le espeté —No puedo creer que estés haciendo todo esto. Es bastante infantil de tu parte —Aaron no dijo nada, solo volteó un segundo para asegurarse de que estuviera abrochado mi cinturón de seguridad antes de arrancar el auto y salir con destino desconocido. —¿A dónde vamos? —Pregunté después de un rato, aún sin mirarlo, intentando mantener la calma. —Iba a ir a tomar algo con Chris. Fue bastante descortés que hicieras eso. Él no te ha hecho nada. —No hables —Por fin dijo, manteniendo la mirada al frente mientras seguía conduciendo. Me digné a mirarlo por un momento y lo vi muy serio, como absorto en sus pensamientos pero a la vez concentrado en la carretera. —Eres una irresponsable. En vez de estar en la empresa preocupada por cerrar el nuevo contrato con Stuart, estás revolcándote con ese idiota. —Entiendo que te sientas así, Aaron, pero quiero que sepas que no fue así como piensas. Estuve todo el día en la empresa, solo salí para almorzar un rato ya que no había comido nada durante el día —Respondí, tratando de mantener la calma pero con un toque de enojo en mi tono. —Además, como co-propietaria, tengo el derecho de salir cuando lo crea necesario sin mencionarlo. Por si no lo notas, también tengo en mano la información revisada de Stuart que iba a pasar a dejártela en un rato. —Mientras lo decía, me invadía la frustración. ¿Por qué no comprendia que estaba simplemente almorzando con Chris y no teniendo una relación íntima? ¿Cómo no se dio cuenta de eso? —Yo también soy dueño de la compañía, pero en todos estos años nunca hiciste algo tan estúpido como esto. No es propio de ti, Scar. —mencionó en un tono decepcionado. —Claro —Dije, elevando un poco más la voz. —No es propio de mí, pero tú lo hiciste muchas veces, incluso algunas en tu propia oficina, y tampoco fui a decirte algo. —Ohh sí que lo hiciste —Suspiró. —Me hiciste un tremendo escándalo. De hecho, echaste a mi secretaria por eso. No te culpo, no servía de mucho que digamos. Pero después de ese momento, me prohibiste que tuviera de nuevo una secretaria, hasta el día de hoy. Regla que mantuve aunque no estuviera de acuerdo —Terminó de hablar y estacionó el auto por un momento. —No te vayas, ya vengo. Cuando se bajó del auto, no pude evitar notar cómo su presencia llenaba el espacio a su alrededor. Aunque mi mente estaba llena de molestia por nuestra discusión, una parte de mí no podía evitar apreciar lo bien que le quedaba el traje y cómo se movía con seguridad. Sacudí la cabeza, tratando de alejar esos pensamientos mientras él regresaba con una bolsa en la mano. —Ten —me entregó una bolsa mientras cerraba la puerta del auto y volvía a ponerlo en marcha. Al abrir la bolsa, me sorprendí al encontrar una taza de café ChocoCream, mi favorito, acompañado de una porción de tiramisú. Me quedé pensando tanto en la discusión que no me di cuenta en dónde estábamos. Me sorprendía que Aaron conociera mis gustos tan bien. Era raro que se desviara para comprar algo para mí, algo que casi nunca había hecho. Lo miré sorprendida, pero él parecía estar concentrado en conducir o simplemente no quería hablar más conmigo. —Gracias —le dije algo tímida, mientras daba un sorbo al café. El gesto de Aaron me había tomado por sorpresa, pero ayudó a cambiar un poco el ambiente, aunque las cosas seguían tensas, al menos ya no eran tan incómodas como antes. Llegamos al estacionamiento de la empresa, ninguno de los dos volvió a hablar en todo el camino. Era extraño, no era la primera vez que viajaba con Aaron o que teníamos peleas medio similares, pero era la primera vez que me sentía mal. Como si hubiera hecho algo malo y eso me hacía sentir arrepentida de algo que no debería. Al fin y al cabo, lo que haga con mi vida es mi problema y a él no debería interesarle. Pero no sé por qué tengo este nudo en la garganta. Siempre nos peleamos con Aaron, pero ahora parece como dolido o decepcionado, no sé la verdad. Nunca me había ignorado de esta manera. Me hacía sentir como una niña regañada por su padre. El ascensor se paró en nuestro piso y el primero en salir fue Aaron. Se dirigió a su oficina ignorando a Melanie y cerró la puerta para que nadie lo moleste. Estaba consternada. El idiota era él, que prácticamente me secuestró y me trajo de nuevo al trabajo. No tendría que sentirme mal, más cuando muchas veces él hizo lo mismo. Estuve las pocas horas que quedaban de la tarde mandando emails y recibiendo llamadas. La verdad era que no tenía ganas de hacer nada, solo de irme a mi casa. —Disculpe, señorita McGregor —dice Sarah por el intercomunicador, sacándome de mis pensamientos. —¿Sí, Sarah? —Dentro de 10 minutos tiene una videoconferencia con los empresarios de Horizon Enterprises. El señor Kèldysh ya le ha avisado al resto del equipo y me ha pedido que le informe a usted. Todos la van a estar esperando en la sala de reuniones —De acuerdo, gracias por avisarme. Dígale que en un momento voy. —Muy bien, señorita. Me atrevo a preguntar ¿Se peleó con el señor Kèldysh? —Puede decirse que sí, Sarah. Pero no te preocupes, ya lo vamos a resolver. Siempre es así —digo, tratando de infundirme un poco de ánimo. —Entiendo, señorita. Espero que todo se resuelva pronto. Creo que era la primera vez en mi vida que estaba nerviosa por verlo, bueno, en realidad la segunda. La primera fue cuando mi padre me dejó a cargo de la empresa, diciendo que ya era hora de que tomara su lugar y que me responsabilizara por mi futuro. Lo malo fue saber que compartiría con Aaron la dirección de la empresa. Recordé ese día con claridad. Desde pequeña, mi vida había sido una preparación constante para seguir el legado familiar. Mi padre, aunque cariñoso en algunos momentos, era en su mayoría frío y autoritario. Siempre me imponía altas expectativas y me enseñó a ser fuerte y decidida. A pesar de mis deseos de seguir otros caminos, siempre sentí la presión de cumplir con su visión para la empresa. —Entiendo que me dejes a cargo de la empresa, pero ¿Quién estará dirigiendo la parte de John? ¿O él va a seguir a cargo también? —le pregunté a mi padre mientras estábamos en su oficina, próximamente la mía. —Scarlet, es obvio. El hijo de John, Aaron, estudió administración de empresas, comercio exterior y se especializó en varias áreas. Él es perfecto, y qué mejor que sea el candidato de mi querido socio, así siguen compartiendo nuestros ideales. Además, fuiste amiga de él cuando eran chicos, no es un completo extraño. Mi corazón se hundió al escuchar esas palabras. Aaron siempre había sido una figura complicada en mi vida. Saber que tendría que compartir la dirección con él era abrumador. Me alegraba ser la sucesora y cumplir con las expectativas de mi padre, pero la responsabilidad me aterraban. Nunca estaba segura de poder estar a la altura de lo que mi padre esperaba de mí. —Papá, ¿Estás seguro de que es una buena idea? Aaron y yo no siempre vemos las cosas de la misma manera. Esto podría ser... complicado. Mi padre me miró con su típico semblante serio y con una pizca de frialdad en sus ojos. —Scarlet, sé que puedes hacerlo. Aaron puede ser difícil, pero es un buen complemento para ti. Juntos, llevarán esta empresa a nuevas alturas. Asentí, aunque por dentro me sentía en conflicto. La idea de tener que discutir cada decisión con Aaron, sabiendo lo terco que podía ser, me llenaba de ansiedad. Tendría que mostrarme fuerte y decidida, nunca dejar que viera mis debilidades. Sin embargo, mantener esa fachada todo el tiempo sería agotador. Necesitaría apoyo, y sabía que con Aaron no lo conseguiría. Suspiré y sacudí la cabeza, volviendo al presente. La ansiedad de ese momento volvió a mí mientras me dirigía a la sala de reuniones. Mis pensamientos no dejaban de divagar. ¿Por qué esta pelea me afectó tanto? ¿Por qué no podía simplemente dejarlo pasar como las veces anteriores? La decepción en los ojos de Aaron me perseguía, y no podía evitar sentirme culpable aunque sabía que no debería. Respire hondo, intentando calmar mis nervios. No podía permitirme mostrar debilidad delante del equipo, especialmente ahora. Llegué a la puerta de la sala de reuniones y tomé un momento para recomponerme. Empujé la puerta y entré, encontrándome con las miradas de mis colegas y, por supuesto, de Aaron. Él estaba sentado al final de la mesa, su expresión era seria, pero su mirada evitaba la mía. Me senté en mi lugar habitual y esperé a que comenzara la videoconferencia, tratando de concentrarme en el trabajo que tenía por delante. —Necesitamos que nos envíe lo antes posible los repuestos para el modelo ZRG89, así el área de ensamblado puede comenzar con las primeras pruebas de velocidad —mencionó Aaron, dirigiéndose a Dominic. Prácticamente llevaba la conversación él solo. De vez en cuando, intervenía para acotar algo, pero mi participación fue mínima. Sabía que Aaron entendía mucho más que yo en estos casos, pero no podía evitar sentir que su monopolio de la conversación era un reflejo de nuestra discusión de esta tarde. —No se preocupen, la semana que viene llegarán los repuestos. Estoy ansioso por ver los primeros modelos de ese fabuloso auto —respondió Dominic con una sonrisa. Hace años que trabajamos con su compañía, y debo decir que es una de las mejores a la hora de conseguir o fabricar los accesorios que necesitamos para ensamblar el auto o diseñar nuevas piezas. —Eso no será ningún problema —dijo Aaron amablemente. —Estaremos encantados de que vengas y nos des tu opinión. Te enviaremos un correo electrónico cuando el prototipo esté listo. —Perfecto, lo espero con ansias. Tal vez cuando vaya, podamos salir a tomar algo los tres juntos. Todavía me debes ese trago, Aaron —añadió Dominic con una sonrisa cómplice. Aaron con una pequeña risa responde. —Cuando quieras, nos vemos pronto —terminando la videollamada. Todos permanecimos en silencio por un momento. Aaron se aclaró la garganta y se dirigió al equipo —Este es un proyecto crucial para nosotros, y cuento con la ayuda de todos para tenerlo terminado en tiempo y forma. Me gustaría que para el viernes tengamos buenas noticias sobre los avances. Gracias a todos —concluyó, dando por finalizada la reunión. Mientras los demás se levantaban y comenzaban a salir, Aaron y yo permanecimos sentados. Giró su silla para quedar enfrente de la mía y me miró directamente a los ojos. —Scarlet, tenemos que hablar —dijo con firmeza. —¿Sobre qué? —respondí, tratando de mantener la calma, aunque sentía que mi corazón se aceleraba. —No hagas como que no sabes —contestó, su voz teñida de frustración. —Cris. ¿Realmente pensaste que era buena idea salir a almorzar con él después de todo lo que pasó? —Aarón, no fue nada. Solo un almuerzo. Chris y yo teniamos un tiempo libre y decidimos aprovechar, además hace años que te empecinas con él —expliqué, intentando sonar razonable. —¿Aprovechar? ¿De verdad crees que almorzar con Chris es solo “aprovechar”? Sabe cómo es él, Scarlet. Y sabes lo que la gente dice —respondió, su tono aumentando en intensidad. —¿Y qué dice la gente, Aaron? ¿Que no puedo salir a cenar con un amigo sin que haya insinuaciones? —Mi voz también comenzaba a elevarse, molesta por la implicación. —No se trata solo de la gente. Se trata de cómo todo esto afecta a la empresa y a nosotros —dijo, enfatizando la última palabra. —¿Nosotros? —repetí, sorprendida. —¿De qué estás hablando, Aaron? —Sabe perfectamente de qué hablo. Todo esto crea problemas, distracciones. Y sí, afecta a nuestra relación de trabajo —su voz era tensa, pero aún cargada de emoción. —Aaron, no puedes controlar con quién ceno o no ceno. Somos profesionales. Sabes que no dejaría que algo así interfiera con el trabajo —trato de razonar. Ya no soportaba más este reclamo por su parte. Me separé de él e intenté irme de la sala, pero él me agarró del brazo y me acorraló contra la mesa y su cuerpo. Sus manos estaban a cada lado de la mesa, al igual que las mías, mientras nos mirábamos fijamente a los ojos. Pocos centímetros nos separaban, y aun con todo ese enojo que teníamos ambos, no podía dejar de ver esos labios carnosos que tenía. —No es solo sobre el trabajo, Scarlet. Es sobre... —dudó, como si no encontrara las palabras. —Es sobre cómo todo esto me hace sentir —susurró muy cerca mío. En eso, levantó una de sus manos y la apoyó suavemente sobre mi mejilla. Empezó a acariciarla y dirigiéndose su dedo pulgar hacia el contorno de mi labio inferior, delineándolo lentamente. El corazón se me aceleró a mil; No me importaba nada, dejaría mi orgullo de lado en este momento para poder probar deliciosos sus labios. —¿Cómo te hace sentir? ¿Estás celoso? —susurré, ya perdida en el momento. Aaron guardó silencio por un momento, observando mis labios como si en cualquier momento fuera a besarme. Finalmente, habló. —Tal vez un poco. No tienes idea de cómo son las cosas en verdad, Scar. —Sus palabras me hicieron estremecer. Había una mezcla de desafío y ternura en su tono que me desarmó por completo. Pero antes de que pudiera responder, Aaron se apartó ligeramente, dejándome con el corazón latiendo frenéticamente y una sensación de vacío donde antes había estado su cercanía. Finalmente, rompió el silencio —Tenemos mucho trabajo por hacer —carraspeó mientras se alejaba lo más que podía de mí, su voz volviendo a su tono habitual, aunque con una pizca de algo más, algo no dicho. —Vamos a centrarnos en eso. Me quedé ahí, aún tratando de recuperar el aliento y mi compostura. Asentí, sabiendo que aunque esta conversación había terminado, algo había cambiado entre nosotros. Algo que ambos tendríamos que enfrentar, tarde o temprano.
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