Algunas veces me pregunto, ¿cómo puedo amar a un monstruo? La verdad es que no es solo el Lobo, no es simplemente una bestia y cabeza dura, también es el hombre que ha bajado la guardia, me quiere y yo a él con la misma intensidad, quizá más de lo que imagina. Las pesadillas del antaño no se han ido.
Incluso durmiendo a su lado, el mal sueño me aprisiona, no puedo hacer nada al respecto.
La pesadilla vuelve, los episodios en forma de azotes me atrapan.
Despierto de golpe, sudorosa y con el corazón galopando imperioso. Es inevitable llorar de forma convulsa. No puedo parar, detener los sollozos. La avalancha es implacable, me sacude de un lado al otro, se siente un desafío enorme.
—Luna, para, por favor… —me pide tirando de mí, entonces me vuelvo a poner en su pecho.
Escucho el palpitar de su órgano vital, encuentro la paz en el responsable de la tormenta, es tan contradictorio, pero resulta tranquilizante. Hace tanto que siento eso en el pecho y no puedo explicarlo con palabras, es un definición completamente difícil, por esa razón no hallo el concreto concepto. Tengo en el pecho un puñal clavado, uno que desde hace mucho se hunde y hunde cada vez más y me daña. Es increíble que no pueda estar mejor, al contrario, esto empeoró de forma aguda hacia lo pero. Sorbo por la nariz, repito el acto y siento que no es suficiente, no me basta un minuto para recuperarme y conseguir estar bien; luego voy y lo veo, pero no me siento bien.
—Odio no poder avanzar, aborrezco que vuelvan todas esas escenas… —susurro con la respiración errática.
—Shh… Nada es tu culpa, el único imbécil soy yo, lo lamento tanto, Luna —expresa sincero.
Sé que dice la verdad, pero aunque lo haga, eso no es lo único que falta para que esté bien, no importa cuanto me lo repita, puede decirlo vez tras vez y por completo no podré encapsular lo que siento. Me está saturando, me come, me devora. El nudo en la garganta es fuerte y se aprieta cada vez más, haciéndose muy doloroso, de forma que me hace sentir más pequeña de lo que soy.
Lo miro, dejo un beso trémulo en su garganta. Él me mira con una sonrisa que suele traerme la paz que pierdo, en Sta oportunidad no surte el mismo efecto. Aún así yo vuelvo a acurrucarme en él, quiero que todo se termine. Pero al cerrar los ojos todo lo malo vuelve dejándome en las garras de la pesadilla.
Es difícil avanzar de esta manera cuando siempre tienes la pesadilla sobre ti, pero lo intento, juro que lo intento, porque quiero salir ilesa de todo eso. Nada es de verdad, la única realidad que existe es que estoy al lado de mi esposo y él no me hará daño. No lo hará, porque ya no es esa persona del pasado.
Pero... Eso no interesa, siempre lo veo como tal, como si fuera ese monstruo que me marcó no solo emocionalmente sino físicamente, como esa persona que me hizo sentir mal y me quiso matar. Sí, porque Aleksander por una estúpida venganza quiso matar a mi hermana, pero en lugar de llevarse a ella, al parecer fuera de su alcance o demasiado protegida por nuestro padre, entonces me fijó su blanco y desde entonces le dio inicio a la pesadilla.
A una que vi que duró una eternidad. Mi corazón latía fuerte y se deshacía con violencia. Me apretaba el corazón pensar en el antaño. Porque fueron días terribles dónde sufrí demasiado, fue mucho terror; suspiré hondo, no quería estar tan cerca de lo que hace años pasó, pero solo me acercaba mucho en el derrumbe de mi alma.
Nada me tranquiliza, escucho sus latidos muy cerca, pero también la voz en la cabeza que se burla constantemente de mí.
—Luna, por favor, duérmete, sé que aún estás despierta.
Parpadeo en la oscuridad, tiene toda la razón del mundo y lo veo a él, mi corazón palpita con fuerza y se avienta al vacío.
—No puedo, lo intento pero es complicado.
—Podrías hacerlo, estoy contigo, no pienses en nada más, yo no te haré daño, sabes que no lo haría, cariño.
…
La mañana ha llegado, despierto con un fuerte dolor de cabeza. El insomnio de anoche ha sido terrible, me ha dejado suspendida. Empujo lejos la desazón, el dolor, los malos pensamientos. Nada se va tan fácil, no es sencillo.
Miro a todos lados de nuestro habitación, no lo encuentro, cosa que me parece normal. Es raro que al abrir los ojos con el alba lo vea ahí. Así que simplemente me levanto y estiro mis extremidades, en el acto bostezo y seguido de ello camino hasta el baño.
Me detengo cuando esa puerta se abre de pronto. De ahí sale Aleksander con una toalla torno a su cintura. La boca se me seca, se ve tan bien que deliro de solo al contemplar a ese espécimen de hombre. Que sea mi esposo y no el de otra me hace sentir victoriosa.
Sonrío.
—Luna, dime cómo te sientes, amor —pronuncia en un tono suave, se inclina dejando un beso en mi mejilla.
—No descansé como debía. Pero tomaré una pastilla para apaciguar el dolor de cabeza —soluciono restándole importancia —. Ahora tomaré una ducha…
Paso por su lado, me detiene aferrando antebrazo, el agarre es delicado.
—Luna, ¿qué puedo hacer para ayudarte? Soy el responsable de esta tortura, me siento mal por todo lo que te hice.
—Lo sé, me lo has dicho muchas veces.
—Pero no me cansaré de repetirlo —asegura con firmeza, buscando mis ojos con ímpetu.
—No tiene caso, soy la única que puede romper las cadenas. Debo aprender a olvidar lo malo, has cambiado, me amas, ya no eres ese tipo, Alek —emito dando un sonoro suspiro.
—Sin embargo no puedes hacerlo sola, ¿quieres salir? Hace un día soleado, podremos ir a…
Niego de inmediato.
—No, prefiero quedarme en casa. Sé que estos meses New York es increíble, pero no me apetece ir, Aleksander —declino afectada —. Pero puedes llevarte a Matthew.
Hace una mueca. Quiere que lo acompañe, sin embargo no es el mismo hombre de antes, este que está frente a mí respeta mis decisiones. Pese a ser temperamental a veces trata de ser comprensible, de mejorar esa faceta. Se esfuerza, y yo valoro eso de su parte.
—Te amo, llámame cualquier cosa —dice depositando un beso corto sobre mis labios.
Siempre me dice lo mismo, como si no fuera suficiente con los uniformados guardaespaldas que vigilan la entrada. Claro que asiento para calmarlo, voy a estar bien. Podré convivir con estos días grises. No dejaré que la opresión de un pasado me aprese. Tengo que aprender a dividir lo bueno de lo malo, debo apartar lo sucedido con lo que ahora pasa.
Pero es fácil decirlo de la boca para afuera, en la acción me paralizo, no puedo avanzar.
—Estaré bien, Aleksander, no me mires así, por favor —le pido un tanto sentimental.
He estado muy emocional estos días, a veces creo que todo se debe a la montaña rusa en la que vivo. Vivir bajo los reflectores, bajo la continua angustia de saber que un día las cosas salgan a la luz y se sepa quién es el verdadero Konstantinov. Todo eso y más me satura.
—Es que no hay otra manera, no la encuentro, quiero que estés bien.
—Anda, vete, te llamaré —prometo.
Vuelve a besarme y tras llamar a nuestro hijo, entonces ser marcha.
…
La noche pronto llega, estoy sola en el baño, intento cambiarme, pero los nervios me provocan torpeza. Al salir encuentro a Alek en la cama. Me hace una seña para que me apresure a estar junto a él. No espero más.
Empezamos a besarnos, sucede de forma natural, no es un acto forzado sino amoroso. Me gusta que me toque, que sus labios y los míos bailen a la par, lo disfruto, la intensidad sube. El calor nos acorrala, es una estela corrida que va dejando la mecha prendida en nuestros cuerpos.
Se pone sobre mí, sin embargo dejo de ver a mi esposo, no veo a Alek, estoy mirando al lobo de hace años, al que me raptó y cambió drásticamente mi vida.
Y ya no puedo continuar. El episodio me envuelve y soy prisionera otra vez.
…
No pienso en Aleksander, no es él, sino el enemigo que busca quitarme la vida.
—¡Mátame de un vez maldito, al final lo harás! —escupo repitiendo lo que mi cabeza ha recuperado de antes.
—¿Qué? —se muestra extrañado —. ¡Dios mío, Luna! No te voy a hacer daño, amor, soy yo, Luna…
Empiezo a llorar sin parar, no puedo evitarlo. Él en todo momento me abraza y me aferro a su cuerpo, como si fuera una niña pequeña.
—¡Dios! Yo no te haré daño, cariño, por favor, debes dejar de pensar que yo... —no termina de decirlo, sino que me besa y eso es suficiente, lo que necesitaba para calamar estos miedos locos que me ganan, con los que tristemente no puedo y la batalla pierdo, pero vuelvo a sentir su beso tan profundo y vehemente que ya no es necesario otra cosa, es todo lo necesario, lo justo, eso que me calma y me trae devuelta al presente, el pasado ya es cosa tonta e irrelevante; y como quisiera que en verdad fuera así siempre.
—Alek, perdóname —emito, me siento pésima.
—No te preocupes, yo soy el culpable de esto, me siento mal cada vez que estás así, solo puedo acurrucarme y besarte, así te demuestro que no pasa nada, que yo no te voy a dañar, que ahora solo te sé amar —emité, sus palabras son un puñado de verdad que me consuelan y ahora soy yo quien lo besa con pasión, hasta que el aliento se extingue y debemos separarnos si queremos seguir vivos. También necesitamos llevar cada uno aire a nuestros pulmones y eso él lo entiende. Me mira con amor, basta esa mirada, esos ojos dulces para sentirme mejor.
Uno... Dos... Tres... Ya estoy calmada en sus brazos.
—Lo sé, por eso te amo, es que mi mente me apresa y parece que no puedo escapar, Alek, esta situación se está saliendo de control —me siento de súbito en la cama, pero él vuelve a jalarme para que deje la cabeza en su pecho desnudo.
—Cierra los ojos y duerme, inténtalo, por favor —pide y yo asiento con la cabeza, tiene toda la razón del mundo.
—Bien, gracias por estar en este momento, no sé qué pasaría si me sucede estando sola.
Lentamente voy cerrando los ojos y cayendo menos me doy cuenta ya he caído a los brazos de Morfeo.
A la mañana siguiente, ya Aleksander no está en cama, por lo que intuyo que se ha ido al trabajo, como suele. Nada extraño, estos días además ha estado bastante ocupado con eso. Me voy al baño, entro a la ducha. Mientras el agua cae sobre mí, a mi mente llega de nuevo todo lo que ha pasado, me siento bastante afectada por todo lo que ha pasado así que más tiempo de lo habitual estoy en el baño, dejando que el agua caiga sobre cada poro de mi piel. La lucha es increíble, siento como un pensamiento y el otro se mezclan y me llevan a estar en una etapa destruida. Lloro, apoyando la frente en la mosaico, no quiero sentirme así. Ya es suficiente de lágrimas derramadas, pero sigo haciéndolo, es inevitable. Siento está necesidad loca de vaciar hasta la última lágrima de mis ojos.
Hay algo que me bate de un lado al otro, quizá es porque le doy mucho a lo mismo. Aún es temprano salgo de ahí y me envuelvo en una toalla caliente. Ya estoy de regreso en la habitación, sí, sin perder tiempo consigo una toalla y la enrollo alrededor de mi cuerpo porque el aire acondicionado en la habitación me congela hasta los huesos. Logro vestirme pronto, no debo tardar mucho, mi Matt es muy gruñón cuando no tiene su desayuno servido a la hora, cosa que yo procuro hacer siempre, porque es demasiado molesto. Además de que no me gusta verlo así, es el chiquito de mamá, no voy a mentir, también un consetido al que amo con todas mis fuerzas siempre quiero que esté bien. Sí, soy una mamá protectora y que lo quiere con todas sus fuerzas, él lo sabe.
Voy por él a su habitación, está despertando.
—Mami —se alegra de verme y le sonrío. No tardo en tomarlo en brazos y darle vueltas y vueltas, es tan lindo, es tan deliciosamente perfecto.
—Cariño mío, aquí está mamá. ¿Cómo estás? —beso su mejilla.
—Bien, mamá, tengo hambre.
—Lo sé. Vamos, ya está listo.
Sus ojos se iluminan, es un niño que come bastante.
El desayuno que consiste en panqueques y mermelada, mi pequeño que solo tiene tres años quiere avena, algo que me parece raro hasta que da una explicación cuando se lo pregunto.
—Es buena, la abuela dijo que hace bien, mamá —emite y no necesito más para hacerle lo que pide. Además de que aguarda paciente, no esperaba verlo tan paciente.
Después de darle de comer, me pongo en lo mío. Hoy tengo que hacer algunas cosas del trabajo, pero no tengo ánimos de nada, todo me da mucha fatiga y quiero solo dormir un rato. Esto se debí a qué anoche no descansé como debí, estas son las consecuencias de no haber descansado lo suficiente, supongo que debo dormir más, tal vez deba tomar más tarde una siesta.
Me quedo ida en la cama, tras haber dejado a mi hijo viendo televisión. ¿Por qué no todo puede ser como antes? Cómo cuando nos íbamos de viaje y estábamos bien, ahora todo parece difícil y no logro recuperarme de ese estado que me mata y deja en tedioso desconsuelo. Es raro que a pesar de todo lo que hemos pasado, ahora ni siquiera podemos sentirnos bien, todo es terrible. Mi familia, ya no se siente igual. Parece que algo nos manejará, y no quiero palparme de esta forma que daña y hace tanto mal.
Vuelvo con Matt antes de iniciar con cosas del trabajo (sí, tengo varios pendientes de los cuales solo he iniciado y dejado uno a medias, estos días no he tenido cabeza para nada, creo que acabaré pidiéndole a alguien más que se encargue de eso) mi hijo, está donde lo dejé, mirando la tele. Siempre le ha gustado ver esos programas de televisión aunque a veces procuro que no siempre esté frente a una pantalla, muchas veces también es importante que un pequeño tenga contacto con la naturaleza y se divierta de otras formas que no involucre un aparato electrónico. No quería ser el tipo de madre que fuera demasiado permisiva con su hijo y lo dejara simplemente o solamente ver la televisión. Cuándo podía, y no estaba muy cargada de trabajo, siempre trataba de sacarlo a pasear, de esa manera pudiera desarrollarse de una mejor manera, eso es lo que yo creo idóneo. Así que fui por él y está en la sala.
—Cariño, ¿no quieres salir con mamá? —le digo, la verdad es que no quiero estar aquí, necesito con urgencia salir y tomar un poco de aire, sé que un paseo nos hará bien.
—No quiero —niega, bastante decidido.
No es de extrañar que no quiera salir. Es un niño que prefiere quedarse tiempo viendo la tele que salir pero como ya dije es necesario que también respira aire puro y ve a otros lugares.
—Oh vamos, cariño. Vas a pasarla genial. Iremos al parque —añado con emoción, pretendiendo también que se contagie un poco con lo mismo.
Una sonrisita aparece en sus labios, sé que ya lo he convencida. No hace falta que diga una sola palabra, vendrá conmigo. Así que de me pongo en marcha para poder vestirlo, No quiero que nos tome el mediodía aún estando aquí, lo tomo en mis brazos para ir con premura a la habitación. Su recámara que está cerca, a solo unos pasos ya porque camino apurada. Ya estamos allí dentro y empiezo a buscar entre sus cosas, algo acorde para que lo use. Matthew tiene una gran variedad de trajecitos, ropa casual y deportiva. Me pasaría horas buscando el oufit perfecto.
Pero tengo bastante prisa porque quiero aprovechar al máximo el día y así pasar tiempo de calidad junto a mi pequeño, trato de ser lo más rápido pero aún así elijo algo hermoso para él, y sé que es el correcto en cuanto miro sus ojos y estos brillan. Ya la elección lo resuelve todo. Empiezo a ponérsela, a sus tres años sigue haciendo cosas con torpeza, así que le ayudo.
—Vas a ver qué la pasarás excelente, hijo —emito y revuelvo su pelo que está peinado. Me sonríe de esa forma que me enamora y me hace suspirar de forma sonora. Es tan hermoso mi niño.
Me siento una mamá orgullosa de tenerlo, ha sido un regalo para mí, solo es suficiente, basta con nada más míralo y sentir que un día mal se acomoda. Es todo eso y más, lo que me hace falta para estar mejor y lo que me impulsa a ser una mamá dulce, esa persona que a veces suele esconderse, pero no puedo justificarlo con que es lo idóneo, porque no es así, mi pequeño necesita de un trato especial, que lo amen y lo consientan de forma incondicional. Y yo intento hacerlo todo lo que puedo, porque no siempre es fácil. Hay días tan malos que crees que no se podrán arreglar jamás.
Me le quedo mirando de lo bien que le queda traje. Estoy enamorada de ese pequeño que hace de mis días los mejores del mundo, y él lo sabe, está al tanto de que lo amo con todas mis fuerzas, ganas y con el corazón, aquí está él, en mi pecho. Es la razón de ese latir. Lo ha sido desde el momento en que vi esos ojos en los míos. Ahora nada puede borrar lo mucho que lo amo, y se lo expresó de la mejor manera posible. Su padre también lo hace.
—Mírate, que guapo estás, chiquito. —beso la punta de su nariz, quiere hacer lo mismo conmigo y debo inclinarme para que me alcance. No deja de ser un niño de tres años solamente.
—Gracias, mamá.
—Te amo, cielo.
Asiente y me dice que también lo hace, es la correspondencia más hermosa que podría recibir. Me derrito de solo escucharlo decir que me ama. No hay nada más sincero que esa expresión, sus palabras que me llegan al corazón en consecuencia, una sonrisa boba alcanza mis labios. Estoy perdidamente enamorada de ese bebé.
Entonces cuando ya estamos listo es hora de partir lo tomo de la mano y salimos de la casa rumbo al auto que está aparcado abajo. Lo ubico en sus sillita especial, siempre procuro que ahí esté, es lo correcto después de todo. Después de cerciorarme de que está bien sentado, ya puedo estar tranquila y entrar al puesto de copiloto por enfrente, para empezar a conducir. Las calles están siendo muy concurridas, nada extraño, pues esto es lo que caracteriza a la ciudad que no duerme de noche. Suspiro al volante, no dejo de hacerlo, pienso en Alek, en lo que lo rodea en un posible peligro. Siempre está el riesgo de que algo malo pase, en lo que yo no estoy exenta de sufrir, porque soy su esposa. A veces no quiero ni salir, al pensar en que nos puede pasar algo malo a mi pequeño y a mí, eso me da miedo, me paraliza. No quiero que mi hijo viva una situación traumática como lo que yo pasé, es muy pequeño, aún si no lo fuera, no se merece pasar por eso. Y nadie debería de vivir la experiencia de un secuestro, es terrible y te deja marcado de por vida. Yo lo estoy, y se vuelve más difícil todavía al saberse que mi captor es mi esposo. Pero ya él no es así.
Cambió, ya sus intenciones no son hacerme daño, a pesar de que yo lo sé, pasa que me confundo, mi mente recuerda el antaño y de pronto quiere atarme a él de la forma más fuerte, dando un zarpazo en mi alma, busca de amarrarme a eso que ya sucedió, me engaña y me tira al vacío de nuevo, todo me hace sentir mal. Porque duermo al lado de la persona que elegí como esposo, él no es mi enemigo sino la persona que elegí para pasar el resto de mi vida con su persona. Es parte mío también y juntos hemos formado una maravillosa familia, la que amo con todas mis fuerzas. No quiero separarnos, nosostros nos queremos y no buscamos separarnos, pero todo lo que ocurre dentro de casa, ahora que decidí ser su esposa, es un reto al que día día debo hacerle frente. Mientras tanto, no me queda de otra, debo aprender a ver qué Alek no es el lobo, no es solo ese mafioso al que tanto miedo le tuve en el pasado, aún así se llevó mi corazón al punto de dejarnos parados en este presente. Un hijo en común que no sabe del mal.
En ese momento veo a través del retrovisor a mi pequeño hijo, que muy atento está mirando por medio de la ventanilla polarizada, es muy listo, se queda mirando con ojos sorprendidos y sonríe. Le encanta, aunque se niega al principio a no salir por quedarse a ver una serie, él disfruta observando el panorama que regala la ciudad y yo lo hago porque él lo hace. Es así de especial, mientras él esté bien, yo lo estaré.
Vuelvo la vista al frente, no puedo descuidar la conducción. Hay tráfico, pero no me impaciente, eso no cambiará o bajará la cola de autos. Prefiero alargar la mano y encender la radio que de forma inmediata ofrece una playlist variada. No he traído mi iPad conmigo, de ser así la hubiera conectado con el USB y pondría mis canciones favoritas. Me quedo escuchando la melodía que se está transmitiendo, es suave, jamás la he escuchado, puede que sí, pero suelo ahora andar por las nubes, algo perdida.
Mientras de camino al parque vamos, yo me hundo en nuestra realidad, la que rompe la burbuja y hacer ver con cierto miedo el presente. Aleksander dejando la cama, diciéndome buenas noches o simplemente dándome un beso casto en los labios. Muchas veces me preguntó si ese será el último abrazo, beso, la última noche que duerma junto a él, eso me aterra en un nivel loco. No puedo evitarlo, sé que cualquiera en una situación así se sentiría igual, porque no es fácil ser parte de todo y de nada. La mafia es un mundo de mierda, es terrible, es fuerte y despiadado, no se anda con rodeos, mucho menos con la compasión. En ese universo de poder, dinero y maldad es eso lo que importa, el amor es una palabra que no debe pronunciarse y el perdón inaceptable. Todo puede acabar en un balazo y ya. Jamás creí estar tan cercana a ese mundo, y sé que por mamá comenzó esa unión, ya la vida y coincidencias acabaron por atarnos a todos. Ahora el infierno que quema hace tanto daño y no podemos resistir si el fuego consume mucho. Es la sensación que tantas veces experimento, me quedo callada, lo lloro, solo la almohada me ha escuchado llorar. Cuando veo a mi padre la culpa me mata. ¿Es tiempo de decirle? Es lo que siempre me pregunto, él no tiene idea de que estoy casada con un mafioso, menos lo que en el pasado Alek quería hacer, su plan macabro que lo involucraba a él, como a su hija, es decir mi hermana por parte de papá.
Otro suspiro se desliza entre mis labios, lo dejo escapar, así como a una rebelde y tonta lágrima que ya con prontitud se desplaza sobre mi mejilla. Va veloz, nada la detiene. Tengo el corazón en un rincón, pero intento sacarlo de allí, no quiero que se quede en el fondo, merece salir y sonreír como antes. Pero con este repentino temor ya solo quiero regresar a casa. Miro a través del retrovisor y veo a la misma camioneta oscura de hace rato. Es como si me ha estado siguiendo, no lo sé, la idea me asusta con demasía. Y es que ya me estoy imaginando lo peor, puede que solo sean falsas alarmas y no sea nada por lo que yo debo preocuparme, como estoy pensando. No dejo de hacerlo.
Vuelvo a ver y sigue detrás, es que ya es demasiado, no creo que siga la misma ruta. Esto ya me está llenando de pavor. Piensa Luna, piensa... Mis palmas empiezan a temblar, pero no es el momento para perder la calma, no puedo asustar a Matt. Suspiro hondo, el inhala y exhala suele funcionar, pero en este momento para mi sistema da igual, no surte el mismo efecto y me lleno de rabia por eso.
Cuando ya la carretera se encuentra más despejada logro avanzar mejor y cuando echo un vistazo atrás, no está el mismo auto. Al poco tiempo vuelvo a recuperar el aire que se perdió con el miedo y mis extremidades ya no se encuentran en ese estado trémula. Puedo estar tranquila y dejar la paranoia de lado.
Pero mis pensamientos no se hacen a la orilla siguen allí, haciendo mella, me invaden otra vez. Y es que siempre que salgo de casa, algunos hombres de Alek suelen cuidarme, esta vez que no le he dicho que salí, no ha venido nadie conmigo, sé que eso no ha estado nada bien. Yo soy un blanco y por ende debería de cuidarme la espalda y no exponerme como lo estoy haciendo en este preciso momento. Digamos que solo he querido salir como cualquier persona normal que no tiene ese pavor porque le pase algo. Tomo una profunda bocanada de aire antes de soltarlo de manera ruidosa. Hoy irá todo bien, nada malo pasará, de eso quiero convencerme, no quiero decir que ya pueda estar tranquilo sigo sintiendo que algo malo pasará y la necesidad urgente por devolverme a casa.