Luego de eso, Aleksander y yo nos incorporamos y cada quien se sirve a su preferencia. Puedo sentir su potencia sobre mí, miradas largas y profundas que destacan, pero no dice nada. Supongo que mantiene el silencio por nuestro hijo. Yo aún pienso en la salida que tuvo ayer a un club. No me entra en la cabeza por qué elije un sitio así para hablar de negocios, sean turbios o no. Encima estaba ebrio y reclamando, no sé por qué se comporta de esa manera. Eso me desagrada y lo peor es que ya lo sabe, aún así no deja de hacerlo. —Todo está bastante silencioso aquí —emite mientras unta mermelada en su tostada, no digo nada, el silencio siempre resulta incómodo pero ahora que se ha roto necesito que vuelva —. ¿Cómo están los panqueques, campeón? —no le queda de otra que preguntarle sobre eso a

