Me quedo mirando la pantalla del móvil, hablar con mamá es reconfortante, entiendo el difícil papel que tiene. Pensar en mi bienestar y en el de su hijo también. No importa si este no le da el valor que se merece, por sobre todas la cosas que han pasado. Odio la fragilidad que hay en su relación, no hay cimientos, pero sé que el fondo Aleksander cada vez está a un paso de “perdonarle” eso me haría demasiado feliz. Yo solo espero que ese día llegue, que no sea luego demasiado tarde. Al cabo de unos minutos sirvo la comida y cenamos todos en silencio. Es agradable volver a ver la mesa compuesta por nosotros, no un asiento vacío, como tantas veces cuando Alek había tenido que quedarse en la compañía o quién sabe dónde, está metido en tantas cosas que ponerme a pensar en eso me da escal

