Abajo, cuando veo a mamá, voy a sus brazos. Se siente bien rodearla de nuevo, sentir su calor maternal. No importa si la última vez que la vi ha sido reciente. Ella lleva un bonito vestido blanco, el recogido que ha sido un trabajo bien elaborado de mi hermana. Ni hablar del perfecto y natural maquillaje que tiene. Su cabello lacio está en ondas lo que le da un atractivo insuperable. —Estás hermosa —comento, le doy un beso en la mejilla. Aún no me suelta, se queda un rato con mis manos entre las suyas. —No como tú, en verdad que me opacas, mamá —admito mirándola de pies a cabeza. —No seas tonta, estás preciosa, y ese vestido te sienta tan hermoso, Luna —continúa acariciando mis manos. Solo me deja para ponerlas sobre mi abdomen y quedarse un rato tocando ahí. Es cierto que todos

