Trataba de quitarme todo el dulce que Max había embarrado en ella lanzando su Pokémon comestible cuando alguien me quito el pañuelo de las manos y me limpio la cara aun manteniendo los ojos cerrados. — Ya está, tendrás que mantenerte fue del campo de batalla por un largo tiempo — abrí los ojos de par en par al escuchar a mi asistente reír. — Gracias, la verdad me sorprendió lo estúpido que fue al lanzarlo — hermosa como siempre mantenía su sonrisa y un brillo especial en sus ojos. — La verdad, yo también había pensado en arrojar mi pikashu —se echó a reír y la acompañé con ello— tienes suerte que no pidió un Bakugan o si te iba a doler la cara — abrí mis ojos de la sorpresa mientras esta seguía riendo. — ¿Y tú como sabes de eso? — Max interrumpió el mágico momento. — De la misma maner

