Abel me había dado el día, extraño pero cierto, dijo que tendría cosas que hacer y que podría tomarme un corto descanso. Por otro lado, Beca no paraba de arrojarme vestidos para la cita que tendré en unos minutos. El tiempo pasa volando y ya me estaba dando cuenta de lo que pasaba, el sudor y temblor se estaban manifestando en mí. — Joder ¡Amy todos tus vestidos son fúnebres! — grito enojada — Lo sé, lo siento — volteo como la chica del exorcista con un brillo en los ojos. — ¿Qué dijiste? — comento a escasos pasos de mí, por lo que me asuste y trate de enojarme en mi sitio. — Ammh Que ¿lo siento? — se tapó la boca y dio pequeños pasos atrás sorprendida sentándose en la cama. — Oh por Dios, tu jamás dejas que se metan con tus gustos, ¡este chico te debe tener enserio mal! — la fulmine

