NUEVA YORK
Franco iba tarde al desfile de su propia marca. Una llamada de Roberta justo antes de salir del hotel, con una de sus crisis de los últimos tiempos lo demoró.
Si tenía que ser honesto, la relación con ella se había deteriorado mucho incluso antes del accidente.
Sabía que su familia lo creía un idiota...pero él estaba al tanto de las infidelidades de Roberta. Aun así, siempre había habido algo muy s****l ente ellos, al menos de su parte.
Eso, sumado al hecho de que ella le había prestado atención cuando aún no era atractivo hacía que sintiera una mezcla rara de sentimientos. Entre pasión y agradecimiento... y claro amor, porque en algún momento se sintió enamorado de ella...aunque ya no le pasaba nada de aquello.
Ahora solo sentía lástima y un sentimiento de responsabilidad que no podía eludir por más que lo intentara. Como si le debiera algo, y ella misma reforzaba eso de alguna manera haciéndolo sentir culpable por cosas que sabía muy en el fondo, no debía sentirse responsable en lo absoluto.
Pero él ya había tomado terapia y sabía que la psiquis humana era compleja, así que últimamente solo trataba de darle lo que necesitaba: fuera dinero, apoyo emocional, escucharla, visitarla etc...en definitiva hacer lo que pudiera para que estuviera lo más confortable posible.
Así que en ese preciso momento estaba llegando al desfile de la marca FERRANTE en asociación con la marca su hermana Valentina, tarde.
Habían sacado su segunda colección para el mercado norteamericano y para él era todo un mundo nuevo de posibilidades de negocio.
Estaba tan apurado que no se dió cuenta y se llevó puesta literalmente a una mujer rubia que estaba parada enfrente de donde se celebraba la semana de la moda en Nueva York.
Skyler no supo que la llevó allí. Estaba vestida con un jean ancho y un sweater más ancho todavía y una coleta baja en el cabello, sin maquillaje.
No estaba glamorosa ni atractiva, tenía la cámara en la mano y un morral colgando de su brazo...de vez en cuando le gustaba sacarles fotos a las personas en la calle, aunque desde hacía mucho evitaba todo lo que tenía que ver con el mundo del modelaje.
Pero ese día al salir del colegio a dónde había ido a sacarles fotos a los niños se sintió guiada hasta el lugar...Empezó a caminar sin rumbo y cuando se dio cuenta, estaba ahí enfrente.
Viendo a la gente que asistía, con sus atuendos que eran el último grito de la moda en una ciudad tan cosmopolita como Nueva York.
Sacó un par de fotos, y luego cuando vio llegar a algunas modelos se sintió hipnotizada y bajó su cámara.
No supo que le pasó, entró como en una especie de trance nostálgico melancólico así que cuando desde atrás alguien la empujó con fuerza tirándola al piso, se vio completamente sorprendida.
— Oh por Dios disculpe señora — le dijo una voz masculina con acento italiano que le pareció conocida, pero lo único que podía ver ella era su cámara, su elemento de trabajo en el piso...había dado de lleno contra el suelo y se había roto un poco.
Se levantó como pudo y sacudió.
Sintió que la angustia la invadía y cuando alzó su cabeza, estaba furiosa y con los ojos llenos de lágrimas.
— MALDITO BRUTO, ROMPIÓ MI CÁMARA — le dijo llorosa de forma acusatoria hasta que enfocó los ojos pues, a pesar de ser alta, el hombre le llevaba media cabeza o un poco más y ella estaba sin tacos. Y su atractivo la dejó sin palabras.
Franco sintió como si lo hubiera atropellado un maldito bus cuando la vio ahí, era Skyler...Skyler la misma mujer que lo había desdeñado en su juventud, la chica de sus sueños de la que había estado enamorado durante tantos años, su crush desde la adolescencia.
Lucía muy diferente a la última vez que la había visto y no tenía que ver con su cuerpo, estaba...deslucida...le faltaba brillo, parecía como apagada. Como si su luz se hubiera esfumado.
— ¿EressS...Kylie? — casi la caga revelando que sabía su secreto, que, aunque nadie la podía reconocer él sabía muy bien quién era ella.
— Franco, ¿FRANCO FERRANTE? — preguntó ella extrañada. Era el hermano de su única amiga: Chiara...y el hombre que le había quitado el aliento en una disco unos cuatro años atrás...
Recordaba que él quiso más, pero ella había tenido problemas con el banco y también había tenido miedo de los sentimientos que él había despertado.
La realidad era que no fue un buen momento para ella, un par de meses antes había ido a la casa de un viejo amigo del colegio instalado en el Reino Unido para despejarse, su único amigo varón...
Se había encontrado de casualidad comprando algo de ropa con Chiara, y la italiana insistió en que fueran a tomar algo y le dio su versión de lo que había pasado entre ella y el ex de Sky.
Al final, resultó siendo su única amiga para todo lo que vino después...Fue en ese entones que Chiara había conocido a su actual marido Philip. Estaba loca por el conde, pero éste la rechazaba...hasta que terminó rindiéndose a sus encantos. Finalmente se casaron y ya tenían tres hijos.
Pero en ese momento estaba intentando seducirlo así que un día convenció a Skyler de ir a un club nocturno, y allí encontraron al famoso conde de la italiana, pero también estaba su hermano y otros hombres más pero fue con Franco con quien sintió una conexión especial.
Incluso había bailado y le había dado un breve beso en sus labios y luego, cuando las llevó a la casa de Chiara ella supo que él quería algo más pero ella no podía darle nada en ese momento...
— Que...sorpresa — dijo él y estaba siendo sincero, en ese momento se olvidó completamente de Roberta, sus problemas, y hasta del desfile con la nueva colecciónde su hermana.
Skyler tragó saliva. Recordaba que le había dado otro nombre, y Chiara la respaldó. Y él parecía acordarse...
— ¿Estás trabajando? — preguntó él y alzó una ceja. Recordó que su hermana mintió diciéndole que ella era asistente en los desfiles y le dijo eso pues quería sacarle charla.
Ella sonrió triste, y miró la cámara rota en su mano.
— No exactamente...de hecho no sé cómo lo haré a partir de ahora... el trabajar digo...— admitió con tristeza.
— Oh, eso es completamente mi culpa...por supuesto la reemplazare o pagaré el arreglo lo que sea — dijo él con rapidez.
— FRANCO MASCALZONE PUEDES CONTESTAR EL PUTO TELEFONO — su hermana Valentina había salido a buscarlo a la calle — MALEDIZIONE VA A EMPEZAR EL DESFILE Y TÚ ESTÁS AQUÍ STRONZO — evidentemente bajo la influencia de los norteamericanos su hermana estaba perdiendo todos sus modales. Pero al menos lo insultaba en un idioma que los gringos no entendían.
– Perdona, tengo que irme...dame rápido tu teléfono — le dijo apurado.
De casualidad ella tenía algunas tarjetas consigo, las llevaba con ella cuando hacía ese tipo de trabajo en los colegios, así que sin pensarlo demasiado metió la mano en el bolsillo trasero de su pantalón, tomó una y se la entregó.
Él miró la tarjeta de diseños simples, fondo blanco y letras negras:
Skyler Silverman, fotógrafa.
"Interesante" pensó el italiano.
— Yo me contactaré contigo — escuchó ella que le decía apurado mientras cruzaba la calle corriendo para ir al encuentro con su hermana menor que lo insultaba en italiano.
Skyler se dio vuelta y volvió a su casa caminando. Con una sensación extraña.
Ella alquilaba un pequeño apartamento en el Barrio Chino, quedaba sobre una casa de comidas lo que hacía que su casa siempre estuviese "perfumada".
No era un apartamento elegante sino viejo, pequeño y descuidado, pero era lo único que se podía permitir en ese momento.
Y era su casa...al llegar dejó con tristeza la cámara sobre su pequeña mesita, esperaba que tuviera arreglo solo que no sabía cómo iría a hacer para costearlo ya que la cámara era cara, supuso que su padre se habría endeudado para comprarla.
Con un suspiro se recostó reclinándose hacia atrás en el sofá cama.
No sabía si Franco la llamaría, aunque una parte de ella se sentía emocionada...cuando lo vio incluso sin tipo mariposas en el estómago.
Hacía mucho que no le pasaba eso...mierda, hacía casi cinco años que no tenía sexo.
Ella nunca fue de esas chicas que podían estar con cualquiera sin sentir nada.
Sin pensar demasiado, se dio una ducha y miró en el espejo pequeño del baño luego. Su cara regordeta, sus brazos anchos, sus senos inmensos.
Por suerte no tenía más espejos en la casa...a quién quería engañar...un hombre como Franco que tenía el mundo a sus pies jamás se fijaría en una chica como ella.
Con ese pensamiento, se dirigió a la heladera y comió todo lo que encontró dentro sentada en el suelo.
Después sintió una terrible culpa y un enorme deseo de provocarse el vómito...hacía mucho que no le pasaba y le costó mucho reprimir el impulso de ir al baño.
Le mandó un mensaje a su terapeuta. Y se fue a la cama a llorar.
Pero al otro día una sorpresa enorme la esperaba. Era sábado, y ese día no tenía nada que hacer así que pensaba dormir hasta tarde sin embargo el sonido del timbre interrumpió su descanso.
Skyler pensó que sería el casero pues estaba unos días atrasada con la renta.
Tenía una vieja camiseta de football americano amplia que usaba para dormir, y le llegaba por la mitad de los muslos. Estaba despeinada y con los ojos achinados.
— Ya voy ya voy — gritó de mal talante y abrió la puerta de un tirón.
Entonces se quedó de una pieza, pues ahí mismo, con un ramo de flores en una mano y una caja de una cámara de fotos con un moño en la otra estaba el mismísimo Franco Ferrante mirándola sonriente.