Luego de ir a Rhode Island, donde pasaron un momento agradable, Franco la llevó en silencio a su casa. Cuando llegaron ya era la media tarde. Él estacionó ese auto increíble y la miró con una sonrisa que invitaba al pecado. En otro momento de su vida, a pesar de sus pruritos, ella no hubiera dudado en invitarlo a pasar a su casa...pero de eso había pasado un eón. Y ya no era la modelo segura y en apariencia sexy de antaño... aunque si lo pensaba la había visto más temprano en su peor versión. — Bueno, hemos llegado — dijo él como esperando algo...ella no sabía que, aunque podía imaginárselo bien. Como si le hubiera leído el pensamiento Franco se inclinó sobre ella para besarla y el ring del teléfono de él interrumpió el momento de forma insistente sin dejar siquiera que se tocaran

