Días después, tras cabalgar por sendas ocultas entre montes cubiertos de escarcha y abetos congelados, llegaron por fin a la aldea al pie del Pico Nevado. El lugar era como un susurro gélido entre la bruma: casas de piedra y madera con tejados cubiertos de nieve, humo saliendo de chimeneas, y el aire impregnado del aroma a cuero, leña y cerveza fuerte. La niebla flotaba entre los edificios como si el lugar estuviera suspendido entre dos mundos. Kalen y Fyodor preguntaron por los líderes, Maki y Mikau, pero los aldeanos rieron y les indicaron con una señal la taberna local. —Están "entrenando" con cerveza —dijo uno, soltando una carcajada. La taberna era una estructura amplia con paredes gruesas y vigas de madera. Desde fuera ya se escuchaban risas estruendosas, vasos chocando y música t

