CAPITULO 41

996 Words

La noche era serena. El aire olía a hierbas dulces y al rocío que comenzaba a posarse sobre las superficies de piedra encantada. El pueblo dormía, y solo algunas luces flotantes se mantenían activas, resguardando la quietud. Desde la ventana de su habitación, Ania observó el firmamento. Las estrellas brillaban con más intensidad que nunca, como si contaran historias que nadie más podía entender. Kalen dormía profundamente en la cama detrás de ella, su respiración pausada y su cuerpo aún envuelto por la calidez de su encuentro reciente. Sonrió al verlo tan en paz, pero una inquietud la llamaba. Un susurro que no venía del viento… sino de su sangre. Se colocó una capa ligera sobre los hombros, le dio un último vistazo a su compañero, y salió en silencio del santuario. Las piedras del cami

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