Esa misma noche, Lucas, Marina y Ania descendieron por un antiguo pasadizo oculto tras el altar principal del Templo de la Luna Negra. Solo los antiguos herederos de la realeza sabían de su existencia, y Marina tuvo que usar un fragmento de obsidiana grabado con runas para abrir la compuerta sellada. Un susurro de magia antigua los envolvió al cruzar el umbral. La biblioteca no era un salón común. Era un santuario de conocimiento olvidado, enterrado por generaciones por miedo… o por respeto. Los muros estaban cubiertos de estanterías talladas directamente en la roca, llenas de rollos de cuero seco, papiros ennegrecidos y grimorios encadenados. En el centro, un atril de piedra con símbolos lunares, que vibraban al paso de Ania. Marina encendió antorchas flotantes. La luz danzante reve

