CAPITULO 36

958 Words

La brisa nocturna acariciaba el templo. El agua del lago brillaba con reflejos de luna y magia, como si el universo mismo sostuviera la respiración ante lo que estaba a punto de ocurrir. Kalen miró a Ania, su rostro bañado por la luz plateada. Su cabello blanco ondeaba suavemente, y sus ojos esmeralda parecían aún más vivos en esa atmósfera de ensueño. —Ania —dijo con voz profunda pero suave—, hay algo que necesito que sepas. Ella lo miró con atención, su pecho apretado por la intensidad del momento. —Desde que llegaste a mi vida, todo cambió. Me enseñaste a ver más allá de mis tradiciones, de lo que creía correcto. Me mostraste el valor de la verdad, de la magia, de la esperanza. Me enseñaste a amar. Kalen dio un paso más cerca, tan cerca que podía sentir el calor de su cuerpo. —Yo.

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