Elena llevaba unas horas dormida cuando un estruendo la arrancó del sueño. Un golpe seco, luego otro y otro más, insistente, pesado, su corazón comenzó a latir con fuerza antes incluso de entender qué pasaba. Se incorporó en la cama, desorientada, el cabello cayéndole sobre el rostro mientras trataba de despejar la mente, los golpes volvieron a escucharse. Violentos, contra la puerta principal, Elena tragó saliva, miró el reloj del celular a medias, sin fijarse siquiera cuál había tomado de la mesita, solo sabía que era de noche cerrada, un escalofrío le recorrió la espalda. Se levantó y bajó las escaleras con cuidado, intentando no hacer ruido, el silencio de la casa hacía que cada crujido del piso pareciera un grito, los golpes continuaban. — ¡Elenaaa! — se escuchó una voz arrastrada d

