–Estoy bien –repitió ella al ver que Ashton no la dejaba en el suelo. Por fin, él hizo ademán de dejarla en el suelo–. ¡Ay! –exclamó cuando se apoyó en la rodilla que se había golpeado con más fuerza. –No estás bien. –¡No tengo nada roto! –Eso no lo sabes. –Bueno, sí. Creo que lo sé dado que no estoy incapacitada por el dolor. Más que eso. –Pero te duele cuando te apoyas. –Sí, probablemente por que me saldrá un buen hematoma, pero nada –Ven aquí–dijo él. La guio entre la multitud y la condujo a una parte De la plaza menos concurrida–.Siéntate–le ordenó señalando un banco. –Sí ,amo–replicó ella, pero obedeció de todos modos porque le dolía mucho. –Penélope… –Los siento, pero es que eres tan intenso…Solo me he caído y me he Golpeado las rodillas. Ashton se arrodilló frente a e

