La música retumba en el patio. De nuevo estoy en esta fiesta refinada en un penthouse donde sirven cócteles y aperitivos antes de irte a coger con quien más te guste. No fue fácil convencer a Yovana ni a su esposo para que me permitieran entrar como “unicornio[1]” a su magno evento. Tuve que mostrarles mi demanda de divorcio e inventarles que el motivo de la separación fue porque ya no nos entendíamos. Tampoco fue rápido lograr que Jerry accediera a dejarme entrar sola. Me vi en la necesidad de decirle la verdad. Jamás voy a olvidar la cara que puso, aunque trató de disimular la impresión. Ahora está afuera, esperando a que termine “mis asuntos”. Me arrepiento de no haberlo invitado como mi acompañante. Tal vez después… Me muevo entre la gente con una sonrisa cuidadosamente ensayada. Ele

