VICKY —¿Hola? —Hola, ¿es Vicky Ryland? Miro con el ceño fruncido la mesa de café en la sala, molesta porque normalmente no contesto números que no reconozco pero estoy lista para mandarle a alguien a la mierda hoy. Es culpa de Leonardo. El hombre está constantemente en mi cama o arrastrándome a la suya, follándome hasta que no puedo mantener los ojos abiertos, y luego me despierto gruñona. Su respuesta —golpearme el culo y decirme que vaya a tomar un café. Una respuesta de imbécil, pero era su forma de decirme que no va a parar y que mejor aprenda a prepararme porque este hombre tiene la resistencia de no sé qué. Nada se me ocurre que siquiera se compare con él. —Sí —respondo con tono inexpresivo, ya a punto de explotar si empieza a tratar de venderme algo. Además, no me s

