LYSANDER En medio del frío persistente de la temporada de esquí que ya se apagaba, miraba a la pequeña marea de personas que aún bajaban por las pistas. Mi lugar dentro del bar permanecía inalterado: frente al fuego, con un libro sobre ciclismo de montaña en una mano y un whisky en la otra. Estaba exhausto, apenas podía fijar la vista en las palabras de las páginas. Casi no podía concentrarme en nada últimamente. No había nada dentro de mí que me diera energía para volver a Boulder. No podía seguir viéndola, no podía estar cerca de ella. Necesitaba distancia si alguna vez iba a superarla, y aun así parecía imposible. Siempre estaba allí, al fondo de mi mente, metiéndose donde ya no debía: en mis sueños, en mis pensamientos, en mis pesadillas despiertas. La distancia era lo único que pare

