LYSANDER El ardor del whisky deslizándose por mi garganta no hizo absolutamente nada para aliviar el dolor interminable en mi pecho. Hice una mueca ante el sabor a agua, el cubo de hielo rozándome los labios, y dejé el vaso sobre la mesa. Jamás volvería a dejar que Jair pidiera por mí. Se había ablandado. —Sí siento un poco de culpa —se rió Jack—. Cassie ha aprendido a ponerse de pie y hacer que eso funcione. Tenemos que vigilarla constantemente. Aunque Ary debería estar bien sola por una hora más o menos. —No puedo imaginar el estrés —respondí con indiferencia. El hielo en mi vaso tintineó al moverse los cubos. Por alguna razón, me resultaba mucho más interesante observarlos que cualquier otra cosa. —Ella me contó sobre la conversación que tuvieron en el resort —dijo Jack, con la voz

