ROBERT Las palabras no llegaban. En su lugar, la atraje de nuevo hacia mis labios y la besé para explicar lo que no podía decir. Hundí los dedos en ella y la mantuve cerca, sosteniendo su mejilla como si fuera de porcelana, porque lo era. Con cuidado, me deslicé por el lateral del tronco hasta sentarme en la hierba para poder abrir sus rodillas a ambos lados de mí. Quería más calor, más de ella sobre mí. Era un pequeño bolsillo de tiempo suspendido, de calma y serenidad para nosotros. Muy necesario con todo lo que estaba pasando. No podía negarle nada de lo que pidiera, aunque eso significara usarme a mí y a mi cuerpo como distracción. Se lo daría. Le daría cualquier cosa. Sentí su mano forcejeando con el botón de mis vaqueros. Mi polla se hinchó bajo sus dedos, presionando contra su ce

