LEONARDO Vicky está desmayada en el sofá otra vez. Le di algo de espacio para no estar siempre encima de ella, para dejarla hacer lo que sea que la ha estado ocupando. Han pasado dos semanas desde que me dijo que está embarazada y todo en lo que he podido pensar es en tenerlo todo listo antes de que llegue el bebé. Mi cerebro ha estado en sobremarcha queriendo asegurarme de que ella esté cuidada con un coche nuevo, su propio espacio —me mudé de mi oficina porque nunca la uso— y un montón de espacio en el armario. Vicky insiste en que no necesito reorganizar mi casa, pero, donde me resulta difícil iniciar la conversación sobre el largo plazo, uso el arte de demostrárselo. Porque no quiero que se vaya. No deseo que se vaya nunca. Sé lo que dije, y planeé que fuera así, pero ahora que Vi

