Jair —Ary, por favor —supliqué, mis ojos fijos en ella mientras deslizaba la barra de su lápiz labial por el labio inferior. Granate oscuro, una elección audaz para combinar con su maquillaje de ojos bastante discreto—. Vamos a llegar tarde. —¿Y de quién es la culpa? —Tuya —reí, acercándome por detrás y apartando los largos mechones de rizos sobre sus hombros—. Estábamos a tiempo hasta que me tentaste con esa boca tuya en la ducha. —No te atrevas a quejarte de eso —rió ella. No me estaba quejando, disfruté cada maldito segundo de sus labios alrededor de mi polla, pero no podíamos llegar tarde a la boda de mi hermana por eso. El vestido de satén verde oscuro, largo hasta el suelo, que llevaba puesto era casi demasiado para manejar. No tenía idea de cómo iba a sobrevivir la noche s

