LEONARDO —Entonces déjame demostrarte que tengo razón, porque ambos sabemos que eso es lo que va a pasar aquí. —Eso es lo que me temo. —Leonardo… no estoy jugando aquí. —Lo veo. —¿Estoy golpeando un caballo muerto en este punto? Porque puedo estar rogándole a alguien más por un trabajo, si es así. —Arréglamelo… y te tendré, Vicky. Empiezas el jueves. Nunca olvidaré el día que apareció en mi casa y prácticamente exigió este trabajo. Lo vacilante que estaba para abrirle mi casa debido a cuánto la había deseado antes. Mirando mi Malibu del ’71 —el coche en el que estaba trabajando cuando ella volvió inesperadamente a mi vida— recuerdo el vestido blanco sin tirantes con flores azules que llevaba. Ese cabello rizado rojo que caía sobre sus hombros bronceados y a lo largo de su clavícula

