LEONARDO —Tienes que comer. Debajo del capó de mi coche, echo un vistazo y encuentro a Vicky de pie junto al guardabarros con un plato de comida en la mano, vistiendo una camisa a cuadros rosa desvaída y una camiseta negra debajo. —Te dije que no te preocuparas por mí. —Vuelvo a poner la bomba de agua, pero Vicky no se mueve. —Las niñas comieron y te estaban esperando. Mierda. Detengo mi llave de tubo, la culpa golpeándome inmediatamente en el pecho porque perdí la noción del tiempo. Y he estado esquivando a mi niñera desde dentro de mi propia maldita casa. —¿Terminaron? —pregunto, sin molestarme en mirarla. —Así es. Están en su habitación jugando con Barbies. Sorpresa. Mis niñas están literalmente obsesionadas y Vicky parece haber ganado la primera semana porque está derriband

