Robert Había sido nada más que una bola de estrés durante las últimas dos semanas. Apenas podía funcionar. Cada momento que no estaba en el hospital con Pollie lo pasaba preocupándome por ella y por su obsesión con quedarse en esa habitación. Y cuando sí estaba allí, me dedicaba a convencerla de que se duchara o a llevarle comida, apagando incendios de pánico y dolor. Y con la última petición de Brody, yo era apenas un cascarón de mí mismo. —¿Chispas de chocolate o arándanos? La voz de mamá me sacó, apenas, del laberinto que giraba en mi cabeza. —Arándanos —respondí sin pensar, y solo cuando repetí su pregunta tres veces me di cuenta de que en realidad quería chispas de chocolate. Pero ella ya estaba haciendo los panqueques, ya estaba incorporando la fruta, y no tenía corazón para ped

