Varios días después Sisi estaba en el porche de la casa, era casi de noche. Cómo era invierno estaba abrigada y con una manta junto a su compañero de vida, Jamie. Cuando ambos vieron la llegada de una camioneta blindada y polarizada negra. No era la primera vez que Sisi la veía, era la de Michael Falcone. Pero cuando vio bajar a un hombre con lo que parecía un cabestrillo pensó que estaba en algún tipo de multiverso esta vez. —No puede ser— murmuró y se levantó. — ¡MARTIN!!!— gritó y salió corriendo hacia los brazos de su hermano, que la abrazó con su único brazo libre con cuidado. Se largó a llorar como una niña. — Nunca perdí las esperanzas— le decía con su rostro enterrado en su pecho. Jamie también se acercó. Martín sacó a su hermana de su pecho. —Tengo que presentarte— le dijo

