CLEO.
¿Es posible odiar a un bebé? Si se puede y yo no solo odiaba a Baby Malia, apodo con la que mi mamá la monta en redes, la aborrecía. Su físico perfecto me recordaba lo horrible que era, su fama todo lo que no soy y el amor de mis padres hacia ella, todo lo que jamás tendré.
Entrar a mi casa es como atravesar por un pasillo de pesadillas. Mi infierno personalizado son estas cuatro paredes, todos bailando a mi alrededor buscando quemarme y destrozarme. Más. Acabar conmigo. Con mi felicidad. Con todo. Ellos no me quieren y lo que no saben es que yo tampoco, por eso se los permito, porque es un favor.
•ø•
Los aviones son algo que desde siempre me generan una ansiedad inimaginable. Pero no es por estar en él, sino por llegar al destino. No conozco muchos lugares, sino los básicos, Estados Unidos, España, Venezuela, Inglaterra y las típicas Islas de los cruceros del caribe. Ahora, estamos a unos minutos de aterrizar sobre la ciudad y no sé muy bien como sentirme.
—Tranquilízate—Me pide Alexander, el cual está trabajando en su computadora, declinando o aceptando atuendos. Le está dando una segunda ojeada a los de hace unos días, sin embargo, la mayoría los marca en rojo.
—Ese no está tan mal—Digo, cambiando el tema—, Con otros zapatos.
—El problema es que en esta colección los zapatos tienen que ser del mismo patrón que los vestidos, mira esta mierda—Le hace zoom a la foto, haciendo que una tela negra con manchas rojas, se vea como el trapo con el que se limpia el piso de la sala.
—De acuerdo, está fatal.
—Lo sé—Voltea a verme y de un movimiento rápido, la laptop queda en una mesa de madera fina y mis piernas a su regazo, fundiéndonos en un beso lento. Con Alexander todo es suave. A mi ritmo.
—No quiero presenciar sus escenas porno, gracias—Elijah vuelve a ponerse su antifaz, furioso y nosotros reímos divertidos, cuando la azafata nos dice que ya vamos a aterrizar.
Ginebra nos recibe con un cielo gris y una lluvia perenne, que no quita mi alegría. Veo grandes edificios y modernos, otros un poco más antiguos; hay fuentes coloridas y gente de manera controlada en las calles, no como en Nueva York, por ejemplo.
Primero pasamos a dejar a Elijah en uno de los hoteles de mi novio. El cual está todo hecho a base de espejos y tiene cien pisos, en el último un bar y un helipuerto; la estructura es la forma de la caída de un pino—Arqueándose—por lo que la suite presidencial tiene forma de estrella y está apartada de todo.
—Es precioso—No solamente hablo por complacerlo, sino porque estoy fascinada, una D en el medio sube y baja, creada con hielo seco y siendo cubierta por chorros de agua, creando una A perfectamente—. Alexander ¿Qué mierda? No me habías dicho que hacías ¡Esto!—Mis ojos deben de estar brillando y no sin razón, el primer piso tiene una tienda gigante de barbette, las vitrinas mostrando la última colección lanzada, resaltando el plateado, n***o y azul, en todo tipo de ostentosos outfits.
Alexander no habla mucho de su trabajo, solo sé que va a sus oficinas y que es arquitecto. Jamás había buscado su trabajo o averiguar. Estoy impactada.
—Ah, bueno, hago esto cuando voy a la oficina. Pero no es para tanto, agradécele a los ingenieros.
—¡No te desmerites! ¿Por qué no nos vamos a quedar aquí?
Como si esa fuera la señal que se necesitase, todos los empleados se alinean para rodearlo, demostrándole que están a su completa disposición. Atentos a sus necesidades.
—Les agradezco a todos su muestra de respeto hacia mí, de verdad—Se voltea, hablando de manera profesional—, Pero no me quedaré, estén tranquilos en sus puestos mientras le muestro el hotel a mi novia.
Todos asienten y se van, Elijah subió a su suite hace rato, peleando por teléfono y nosotros nos dedicamos a darle la vuelta al lujoso edificio. Este, es de la cadena hotelera Daniel's Hotel's around the world sede C&D, Suiza.
Primero me mostró la parte de las habitaciones. Son todas iguales, mármol y oro por todos lados, esa parte quise omitirla, aunque me pareció interesante que hay camas de agua —opcionales—. Después fuimos a la parte "mall" la cual está compuesta por tiendas de alta gama, barbette tiene un piso entero para ella, pero las otras como Ferragamo están en esa parte.
Después hay varios restaurantes, uno te hace creer que estás bajo el agua, otro es de rosas, uno vegano y el de "jóvenes"; en el piso cuatro, hay dos discotecas, una donde aceptan menores pero no dan alcohol y la común.
El área de la piscina, se llevó mi asombro completo. Hay una principal, que te hace creer que es infinita y que es toda transparente, por lo que ves lo que sucede abajo. Dentro, hay a su vez tres jacuzzis los cuales tienen forma de copa de champagne y cerámica tornasol, mientras que de fondo, hay chorritos de agua, finitos y delicados que terminan de dar el toque.
—Estoy impresionada—Repito, por vez número perdí la cuenta.
—¿Subestimándome, señorita Relish?
¿Para qué decir que no?
Me imaginé un edificio, con un pozo llamado piscina y un bar abajo. Un hotel normal, quizás no un motel, pero no esta obra de arte.
—Me regreso a Londres—Elijah nos sorprende, lleva su abrigo n***o atado y unas bufandas.
—¿Qué?—Preguntamos, al unísono.
—Ava tiene un asunto familiar, siendo mi novia o no, debo ir a ayudarla porque ella solo tiene a su mamá.
—¿Y el banco, E?—Pregunta Alexander.
—Pues lo resolveré después, los veo luego, y por cierto, ahí les dejo un regalo.
Sin entender o pararle mucho, nos adentramos en el bar de la piscina donde pedimos dos piñas coladas, la mía sola y la de mi novio con ron. El señor casi se cae hacia atrás cuando vio a quien estaba atendiendo, sus piernas parecieron de la nada gelatina.
—¡Sorpresa!—Gritan dos voces al unísono que reconozco de inmediato, ese acento británico y el otro italiano, es incomparable.
Danilo Culpepper y Celine Bianchi están detrás de mí. Mi cuerpo en reacción tensándose de inmediato, solo de pensar en sus posibles acompañantes. Sin embargo, nada supera mi entera sorpresa que cuando veo a Alexander correr detrás de sus padres. Danilo lo abraza tan fuerte que lo alza del piso, mientras que Celine se mete en el medio y los separa, poniéndose de puntillas para agarrar sus cachetes entre sus manos y empieza a estrujarlos, mi novio le seca las lágrimas que iban cayendo desenfrenadamente por sus ojos azules, su sonrisa ensanchándose cada vez más y negando con la cabeza, sin poder creerlo.
Los tres juntos, después de meses de pandemia.
Todas las miradas se centraron en ellos y no les importó. Siguieron abrazándose sin orden alguno, Danilo sacudiendo el cabello rubio de Alexander, mientras que este se apartaba ante el gesto, pero seguía estando entre los brazos de sus padres.
Celine, aportando como siempre su elegancia, con un vestido de tubo color rosa bebé y unos tacones de punta, nude; su cabello dorado claro, atado en un moño que no deja ni un pequeño pelo suelto. Su esposo, lleva un abrigo beige y del resto, todo n***o; las canas ya hacen acto de presencia, tapando lo que fue en algún momento, un cabello muy parecido al de su hijo.
—¡Cleo, cariño!—Me sacó de mis pensamientos, mi ahora suegra—, ¡Ven!—Y cuando menos lo pensé, estaba fundida también, entre brazos donde me consentían.
•ø•
Así pasamos la tarde, de forma tranquila. Resulta que los Culpepper tienen casa aquí, fue una que le construyeron a Celine, a las afueras de la ciudad y es preciosa. No tiene ningún lujo, y dudo que tenga algo moderno, es más que todo una cabaña. Hay un camino de rocas, sobre agua, que te lleva hasta el dulce hogar que ahora mismo huele a chocolate caliente, que nos preparó la pareja que cuida la casa la mitad del año.
Hay seis cuartos en total, dos en cada planta y los de la pareja a parte, que tienen un nieto. La decoración es completamente de madera y cosas rústicas, ahogada en fotos de familia. Hay una pared completa, dedicada a retratos, con fotos de todos los años. De ellos de viaje, Eric y Alec en el colegio, su primer concurso ganado, su primera medalla, su primer diploma, su primera revista, todo.
—Cleo, cariño—La voz chillona de Celine en mi tímpano—, Queremos hablar contigo, pasa al área de la chimenea.
Así hice, llevaba ahora mismo solamente un suéter gris de Alexander porque en la casa hay calefacción. De manera incómoda, me hubiera quedado con mi outfit anterior para tratar de estar, por lo menos, a la par de la señora Bianchi, pero bastó que ella pusiera un pie en su cuarto, para que se pusiera una pijama de pantalón y camisa holgada.
—¿Y bien?—Me senté al lado de Alexander y puse una de mis manos en su pierna. Me sonrió y dio un casto beso. Miré a los dos ojos azules y unos un poco más verdosos de manera intrigada
Admito, que al comienzo, me dio miedo la remota idea de que mis padres hubieran viajado con ellos, pues terminarían arruinando mis perfectas vacaciones en un tiempo récord. Sin embargo, no fue así, lo primero que me dijo Danilo fue vinimos solos.
Lola, mi mejor amiga mental, se emocionó.
Yo también.
Y Mareya también, la cual está siempre pendiente de mí y es bastante tierno. Me estoy convirtiendo en una persona bastante cercana a Cho y la verdad, es que me gusta, ella es dulce y diferente.
Amaba a Jessi pero siempre estaban presentes, las constantes comparaciones, porque ella tenía todo lo que yo quería y jamás tendría. Con Maya, es diferente, tomando en cuenta, a su vez, que mi vida ha cambiado bastante, en este último año.
—Bueno, mi niña, básicamente te llamamos a esta pequeña reunión para que supieras que acá tienes una familia—Su delicada mano, con sus uñas postizas y estilo francesas, se puso sobre la mía—, Sé que tu vida no ha sido fácil, pero si te soy honesta, fue algo a lo que fui ignorante quasi una vita—Se apena por su italiano que salió sin ser planeado, pero yo la invito a que continúe. No entiendo una mierda de algo que no sea mi idioma principal, pero las connotaciones de ese idioma son parecidas a las del español—. Yo jamás me llevé bien con Chloé Smith y no lo digo por complacerte, sino porque nuestros estilos de vida son muy diferentes; respeto de manera óptima a la mujer que su marido mantiene y es feliz de esa forma, pero yo si tuve que partirme el lomo para llegar a la cima, ganando cada libra que invierto en mi secado, no sacándosela a mi esposo. Por eso, jamás hubo tema entre nosotras, pues éramos incompatibles, y aunque no me hizo falta ser su migliore amico—Vuelve a reír, nerviosa—. Ajá, para darme cuenta de que su relación no era ni mínimamente buena, jamás pensé que ella te odiaba, o algo por el estilo. Lo que quiero que entiendas, es que la familia va más allá de la sangre y tú acá tendrás una segunda mamá o primera, puesto a que esa no sirve ni para media mierda, que te apoyará siempre. La felicidad de Alec, es la mía, si él está mal, yo lo estoy, y si está bien, pues yo también. Si tú eres su momento y futuro próximo, disfrutaré de cuidarte tanto como lo hago con él. Jamás pudiera vivir, a sabiendas de que me llevo mal con mi nuora, sería como mi peor pesadilla y no me gusta nunca volverlas realidad.
Antes de que pueda hablar, la voz del viejo Culpepper, me atrae.
—Cleo, sé que me odias—Traté de negarme, me pidió silencio—. Yo lo entiendo, soy el mejor amigo de la persona que, probablemente, más odies. Mi intención siempre ha sido consolidar una buena familia, donde, primordialmente, todos nos llevemos bien. Tus asuntos con Derek no me competen, o bueno, no lo hacían. Hace unos meses eras la hija de mi mejor amigo y con el que siempre he sentido una gran deuda; ahora eres la mujer de mi único hijo y la que lo ayuda a dormir por las noches. Eso, querida, está por encima de cualquier amistad. Para los Culpepper Bianchi, la sangre pesa más que cualquier mierda y tú ahora, tendrás la dicha de pertenecer. Quiero que sepas, que los nuevos comienzos existen y que este es el tuyo. Aquí tienes un padre, que si mañana quieres llamar, solamente porque estás aburrida y quieres salir, este viejo tomará su jet y te irá a visitar, solo por unos minutos. Sea lo de ustedes efímero o no, quedarás siempre en nosotros por hacer feliz a Alec por un tiempo y eso tiene el debido reconocimiento. No quiero que te sientas sola, más nunca, porque no lo estás, ahora eres una Culpepper Bianchi y gozarás de lo que significa eso.