CAP, 09.

2086 Words
ALEXANDER.  «No puedo más. No puedo soportarlo mas» me repito una y otra vez la verdad. Me duele la cabeza de pensar en lo que no puedo hacer. Me pesa. Todo me pesa.  Todo lo que ha pasado con Sabine me ha volado la cabeza. Cada vez que ella se molesta es un día mas en el que recibo una golpiza y en la que me recuerda que debo mantenerme callado si quiero que a mi hermano tampoco lo toquen y juro que solo por Eric me mantengo. Porque no quiero que él sufra lo mismo que yo. Porque no quiero que lo destrocen como a mí.  Pensé que era difícil la clase de francés, pero es mucho más difícil ocultar el montón de moretones que tengo regados por mi cuerpo. Inclusive, esta semana decidí faltar a mi clase de natación porque si iba, todo el mundo se enteraría y es lo que no quiero. Lo que me prohibió. Me siento mal. Me siento pesado. Siento que ya no puedo con esto.  Ya no me gusta cargar con mi cuerpo, con mi vida. Para muchos somos los grandes hijos de la marca Barbette, el legado de Celine y Danilo. Yo ni siquiera entiendo a lo que se refieren. No quiero. No me provoca. Lo único que sé es que dejé de querer a mi mami y a mi papi.  Mami y papi solo piensan en trabajo y por eso no se han dado cuenta de que la nana me trata mal, la nana me pega.  La otra noche no pude comer porque ella me dijo que no era posible ya que no había hecho mi tarea de matemáticas, que preferí bañarme. Pues claro que lo hice. Claro. Tuve que pasar toda la noche con sonidos en la panza. Lloré en silencio porque no quería perturbar a nadie y menos que mi hermanito sospechara.  Ya casi no hablo con Eric, no quiero que sienta todo lo que está pasando y es que prefiero que sea feliz. Mamá dice que uno a veces tiene que hacer cosas que no quiere por quienes ama y si me toca ser un buen hermano, que él esté en paz mientras mi vida se derrumba. Lo seré.  •ø• —Con una condición—Bramó, por supuesto, Cleo. Porque solo a ella le ofrecen mandar a su peor pesadilla a la cárcel y pide algo a cambio.  —Bueno—Se paró Elijah—. Ya ese no es mi terreno, debo ir a la corte. Me llaman cualquier cosa y recuerda que tengo una reunión contigo, Alec—Se despide y toma el ascensor privado.  Desde anoche, pasaron muchas cosas; empezando porque Cleo y yo terminamos haciéndolo. En la mañana, quiso hacerlo, de nuevo y de nuevo, y de nuevo. Hasta que le dije que en serio debíamos reunirnos con Elijah para que la asesorara legalmente.  Bruno White puede ir a prisión por el maltrato que le hizo a Cleo, solo hay que reunir las pruebas suficientes y no dejarse chantajear, pues todos sabemos es la primera carta que sacará.  —¿Cuál es tu condición?—Le digo sentándome en la mesa del comedor, con sillas blancas, justo al lado de ella.  Cleo lleva solamente una franela suelta blanca y shorts de tela de hacer ejercicio rojos, su cabello todo desordenado y medias. Por el contrario, yo ya tengo mi traje azul y reloj en mano que me indica que debo llegar a la oficina ya mismo. Aunque hoy no tengo nada del otro mundo.  —Quiero un perrito y un hámster—Chiste o no, mi risa debió escucharse en el epicentro de la Tierra.  En casa, teníamos a Black y Cíclope, los cuales eran dos Boxer entrenados para asesinar. Mi madre odiaba los animales y mi padre... bueno, ama a Celine por lo que su palabra es prácticamente ley. Mamá no quería criaturas dentro de la casa pero si que la protegieran, por eso compraron y entrenaron esos dos. Estaban tan bien domados, que creo, que si nos despistábamos, acababan con nuestras propias vidas. Hoy en día están en Italia , pues yo me negaba a meter esa clase de animales en mi pent house, la casa familiar quedó vacía y bueno, Italia era perfecto porque ahí viven, mayormente, Celine y Danilo. Sin embargo, sé que tengo el espacio. La terraza del techo es gigante y la que queda en la planta baja....¿por qué estoy pensando esto? —¿Me ves cara de payaso?—Se enfureció pero solamente parecía más tierna.  —No—Dije tratando de reprimir la risa que se me escapaba—. El hámster te lo paso, pero el perro no.  —¡Yo lo quiero, Alexander!—Hizo pucheros, como una niña pequeña—. Mira, no busco manipularte—Eso sonaba como que iba a presenciar la mayor manipulación de la vida—. Yo he estado acostumbrada tanto al maltrato que es normal. De hecho, para mí no se denominaba así hasta que Jess me dijo que lo era, sin embargo, me daba igual. Esperaba llegar del colegio con un cinco para que me pegaran o portarme mal para que mi novio me violara.  —Cleo... No puedo escucharla diciendo esas cosas y que espere que no cederé cuando es obvio que lo haré.  Odio que recuerde eso.  Odio que lo recuerde a él.  Odio que recuerde a su papá.  Odio a Bruno.  Odio a Derek.   Odio a cualquier persona que le puso una mano encima a Cleo Relish.  Pero lo peor, odio que esté tan rota porque nunca conoció otro sentimiento a parte de dolor.  —No, Alexander, escúchame. Todo esto—Señaló la casa—. La libertad, el poder quitarte tu mejor auto y que no te molestes, el poder ir a casa de Mareya y tú—Puso su dedo diminuto en mi pecho—, Apoyándome y diciéndome que todo va a salir bien, es nuevo para mí. Todo lo es, a veces creo que estas semanas han sido un sueño y que mañana me despertaré en la sala de invitados de los White y lo aceptaré, porque, ¡malvada sea! Así siempre ha sido mi vida. Ahora, me has dicho que cumplirás lo que quiera y ese lo es—Dobla sus brazos, en un intento de demostrar que está molesta.  —¿Y no tienes otro sueño?—Vacilé. Obviamente ya ella tenía el si, antes de contarme todo lo de su vida.  —Quiero que me pidan matrimonio con un anillo azul y adoptar niños. Pero, eso no me lo puedes dar.  Ahora. Pensé.  Sin embargo, prefería nombrarla mi mujer ante el mundo, colocándole el diamante más precioso de la vida en su dedo anular, antes de soportar los chillidos y mierdas de un perro.  —Vamos.  Así fue como terminé en una maldita tienda de mascotas, que olía a algo tan desagradable que pensé sencillamente que me iría en vomito sobre todos los ahí presentes.  Celine y yo compartíamos el mismo desagrado y pensábamos que era mejor que estuvieran en su hábitat natural, la selva o donde fuese, antes que encerrados. Black y Cíclope tenían su propio espacio y uno bien grande, si me dejan opinar. Jamás jugué con ellos, o me les acerqué; el único que les caía bien era mi padre y es que el les dictaba las órdenes en alemán. Ataca.  A matar.  Busca. Comida.  Abajo.  Quieto.  Ahí.  Correr.  Despacio.  No obstante, ellos puede que no lo odiaran completamente, puede que incluso lo soportaran de una manera mínima pero a Eric y a mí nos gruñían y cuando Annika fue a conocer a la familia, fue horrible. Si ya eran así en Inglaterra, no quiero ni pensar como serán en la de Italia, donde solo hay dos personas comúnmente. No exagero, ellos son malos y en dado caso, yo quisiera algo así. Que cuando entren a la casa, los espante, que les demuestre que ahí vive un hombre respetable. Cleo... bueno, ella tiene otros planes.  Elijah Grobatig.  *¿Cuánto te tardas? Se supone que hoy era la reunión sobre la nueva casa para mi madre e Isi.  *Salí de la Corte hace veinte minutos.  Si soy honesto, se me había olvidado.  Elijah a veces es mi ídolo, se desvive tanto por Isiodora que es increíble y sé que ahora hará hasta lo imposible para que yo le pueda hacer los planos de la casa mas preciosa.   Me.   *Ve en la noche a la casa.   Cleo quiere comprar cosas que parecen peluches y no específicamente aterradores.   Elijah Grobatig.  *Solo tú esperabas algo diferente.  *Voy a las seis y espero que tengas en mente un palacio.  —¿Y ese?—Me mostró una cosita blanca peluda, que sencillamente se pudiera hacer pasar por un algodón.  —Cleo, si esa cosa se mete en la alfombra del cuarto de visitas, no se diferenciaría. Terminarían asesinando al pobre perro.  —Aleeec—Hizo pucheros y sus ojos se empezaron a cristalizar—Hagamos algo.  —Cuéntame.  —Yo escojo al perrito, tú encárgate del hámster.  ¿Es en serio? ¿A mí me dejan la cosa más adorable?  De igual forma asentí, creo que tengo tanto tiempo en esta tienda que fácilmente me pudiera hacer pasar por un animal y me creerían.  ¿No puede querer un pez? Me encaminé hacia la parte de los roedores con una asistente de la tienda que ya se me ha insinuado al menos diez veces. No está mal, es pelirroja y flaca, pero ahorita no estoy buscando un ligue específicamente.  Me mostraron jaulas llenas de los famosos roedores más bonitos. Habían unos que te provocaba agarrar solo por los inflados y gordos que eran, otros que tenían los ojos brillando y unos que los colores te llamaban la atención. Sin embargo, a mi me gustó uno que estaba al final, todo golpeado y de baja porque los otros lo aplastaban. Es flaco, gris y feo, pero lo quiero.  No puedo dejar que muera aplastado por su familia.  Sería injusto.  —¿Estas seguro?—Dijo la tal Clarissa.  —Si—Lo tomé en mis manos y ella hizo una mueca de asco que noté debajo del tapabocas.  Resulta que los hamsters necesitan un montón de cosas. Así que a la cosa fea que estaba en mis manos le tuve que comprar una bola —sino, supuestamente moría de sobrepeso— tambien comida y un shampoo con olor a bebé.  Le había tendido mi tarjeta negra a Cleo porque iba a ser una sorpresa nuestra elección de nuevas mascotas. Así que ya estaba afuera mirando al animal.  ¿Por que eres tan feo y tan tierno a la vez? Le pregunté.  Estás como desnutrido, amiguito. Lo apreté un poco y sus ojos negros se volvieron saltones. Tranquilo, no te voy a asesinar. Le aseguré.  Los nombres los pondría Cleo—otra absurda condición—. Cinco minutos después la vi saliendo y ¡sorpresa! Había escogido al perro que sé hacía pasar por bola de algodón. Es un pomerian totalmente blanco pero que ahora lleva una cuerda azul. Es bajito, sus ojos negros y súper pequeño. Estoy seguro de que no debe de tener ni cuatro meses. —¡Que ternurita!—Dijo al ver al horrible hámster Si tú lo dices.  —¿Cómo los vas a llamar?—Pregunté realmente exasperado. Cleo lleva una bolsa llena de cosas para el perro como una casa y ropa, también comida y recipientes, hasta pañales.  —Cosii y Cronos.  —Me imagino que el perro es Cronos ¿no? Me miró con cara de asco y cargó al perro.  —Este de aquí es cosii—Le sobó su cabeza y señaló a la cosa fea elegida por mí—, Y ese es Cronos.  Cronos es un poderoso titán de la mitología griega así que no logro comprender en que se parece eso a la pequeña cosa fea que casi mato apretando su desnutrido estómago.  Definitivamente, tener a Cleo es como cuidar de la hermana menor que mis padres jamás nos quisieron dar y realmente, no sé si eso es bueno o malo. Lo único que puedo decir me tiene emocionado, es que por fin atraparemos a ese hijo de puta. Aunque, como siempre, hay un problema. —Cleo, no lo puedes denunciar de maltrato cuando no queda ni un solo morado en tu piel. No hay ni una prueba. 
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD