Aidan Estoy besando a Lois, pero se siente raro mientras Ezequiel la va besando también por el cuello. Ella sube más arriba y yo me deslizo entre sus piernas, deslizo mis brazos debajo de su espalda y la atraigo hacia mí, pero Ezequiel la retiene, no dejándome alejarla. Gruñe, quiero retroceder, pero Lois no me deja. Siento que esto no va a funcionar, no puede funcionar. —Somos uno —me dice Lois. Ezequiel la lleva de nuevo hacia él, pero yo no me acerco. Me detengo. —Lois… —digo, enojado. ¿Es tan malo quererla solo para mí? —Aidan, somos uno —me dice ella de nuevo, como si esas palabras tuvieran las fuerzas para convencerme. ¿La tienen? Vuelvo con ella y la beso con pasión sin importarme que Ezequiel también esté participando. La deseo con locura, mi mente y cuerpo arden con la n

