Después de la pequeña invitación que le había aceptado a Fernando regresé a casa, estaba exhausta, no podía creer que haya tenido que cruzar palabras con Cristian y mucho menos tener que verlo junto a Zoe. Tirada en mi cama mirando hacia el techo pude recordar la pierna vez que le dije que lo amaba, pude sentir nuevamente que aunque he estado lejos de él no he podido olvidarlo, eso parece ser un desastre. La mañana siguiente suena el despertador a las 7:00 de la mañana, un poco asueñada me levanto de la cama y voy hasta el baño para lavar mis dientes y tomar una ligera ducha. Debía preparar el destino de las mellizas para cuando despertaran como cada mañana a las 8:00. Bañarlas y arreglarlas era mi emoción de todos los días, verlas crecer me ayudaba a mantenerme motivada. Mientras las

