Ahora me encuentro con la madre de Helen en el despacho, me siento intrigado por lo que tiene que decirme, pero la verdad es que siento un deseo inmenso de gritarle, sin embargo sigue siendo una mujer y eso me detiene. “Señora diga de una buena vez lo que quiere, hoy es el día de mi boda y no quiero perder el tiempo con usted”, dije muy serio, tenerla cerca me irritaba. “Cristian se que nos odia por todo lo qué pasó y lo entiendo, sin embargo quiero hacer las cosas bien, el pasado me ha golpeado demasiado desde que mi esposo falleció”, decía casi provocada a llorar. “Hable de una vez, no me interesa su vida Sandra”, le recordé. “No quiero hablarte de mi pero debí hacerlo, no puedo permitir que te cases, tú has juzgado mucho a mi hija Helen y hoy te diré que ella es inocente de todo, ab

