Hay que reforzar la seguridad de Kaleia
—Beta, ven rápido —lo llama por su comunicación mental y no termina de decirle que ya entra el beta.
—¿Qué sucede que te noto tan alterado? —el alfa le hace señas, que espere con su mano y que tome asiento, él lo obedece y espera.
—¡Vamos, atiende, maldita sea! —mira el teléfono y se asegura de que llame; como no lo atienden, corta y marca otro número.
—Hola, ¿dónde está Kaleia?
—Hola, alfa, está justo enfrente de mí, ¿qué sucede que lo noto preocupado?
—Es que desapareció una joven, llamada Odelia y me temo que esos malditos vampiros se la llevaron; seguro que la confundieron con Kaleia. ¿Tú sabes? ¿Que desde que nació ellos la quieren en su poder?
El beta se levanta rápidamente —¿Cómo se encuentra Kaleia? —él se comienza a preocupar por ella.
—Ella está bien, por suerte, pero debemos reforzar su seguridad; me temo que los vampiros lograron su objetivo y se llevaron a la joven equivocada; menos mal que no fue a Kaleia.
Llama al equipo de seguridad y que traigan sus computadoras.
—Alfa, ¿no crees que es mejor ir hasta ellos y ver las cámaras y lo que podamos averiguar ahí en el edificio? —él lo mira esperando respuesta.
—¡Sí, es verdad! Vamos con ellos —toman las llaves de la camioneta y se van rápidamente hasta el edificio de monitoreo de seguridad de la manada.
El beta conduce y como están apresurados, llegan rápidamente, al ver llegar la camioneta del alfa, le abren la puerta.
—Alfa —saludan en señal de respeto, inclinando su cabeza.
—¡Qué sorpresa! ¿Qué lo trae por aquí de esa manera, sucede algo? —el jefe de seguridad lo observa atentamente, presiente que algo no está bien.
—Sí pasa y creo que es muy grave, algo sucedió frente a nuestros ojos y no lo vimos y eso es gravísimo, quedamos expuestos a que nuestra manada no tiene seguridad —estaba nervioso, no quería creer, pero sospechaba que fueron los vampiros quienes tuvieron algo que ver y eso lo tenía muy nervioso y alterado.
—No, eso no puede ser, alfa, invertimos mucho dinero en equipos de última tecnología y si hubiesen querido ingresar a nuestra manada los vampiros, nosotros los hubiéramos detectado, como los descubrimos en la despedida de la hechicera —responde seguro y orgulloso de su buen desempeño y muy confiado en que ningún vampiro entra sin que ellos lo noten.
—No me creen, ¿verdad? Ya les demostraré que ellos ingresaron, pongan en los cuatro monitores los ingresos de ayer, desde las seis de la mañana en adelante —ellos miran expectantes y no ven nada raro, pasan a las ocho de la mañana y todo sigue normal; el alfa se pone más impaciente.
—Se lo dije, alfa, nadie puede violar nuestro circuito de seguridad sin ser detectado.
—Espera, ¿ese vehículo de quién es?
—Es la empresa de los paneles solares, vinieron a ofrecer los últimos modelos, lo nuevo —está explicando el jefe de seguridad y es interrumpido.
—Sigan el recorrido de esa camioneta, por favor —decía el alfa alterado, nervioso; cada vez que su sospecha se demostraba que no se equivocaba y eso lo enfureció aún más.
Saber el peligro que corrió Kaleia, sin que la seguridad lo notara.
—Ahí, agranda la imagen, saquen captura de sus caras y corroboren con la empresa si ellos son sus empleados.
—Beta, pide el domicilio de la joven —el alfa sentía que su cuerpo iba a explotar; los nervios lo consumen, se mueve de un monitor al otro, mirando sin entender cómo pudo pasar esto ¿y nadie lo notó?
—Listo, alfa, ya envié sus fotos a la empresa —ya le cambió la cara al jefe de seguridad, está pálido, serio.
—Esa es la vivienda de la joven Odelia, ella vive ahí con otras jóvenes huérfanas de la manada. —el beta también se preocupa, al notar que la seguridad no era tan perfecta como ellos creían.
—Envía a un oficial a recoger información de todo lo que vieron las compañeras de Odelia —ordena el alfa.
—Señor, mire esto —un empleado comienza a pasar la filmación en cámara lenta —todos están quietos, nerviosos ante el enfado que va teniendo el alfa cuando observa las imágenes.
—Agrandan ese cuadro y lo pasan más lento.
—Señor, esos empleados no pertenecen a la empresa, ya me lo confirmaron —informa un empleado y el alfa se gira de golpe y lo mira con enojo —Eso deberían haberlo confirmado antes, grita enfadado.
—Mire esto, señor —dice otro empleado con temor a la reacción del alfa, su voz le tiembla y se le entrecorta —Creo que descubrimos algo importante.
Ahí llevan un panel, ¿verdad? Y mire, los dedos son de una mano, ¿verdad? Y si giramos la cámara, sucede lo mismo del otro lado; el empleado lleva otro panel. Pero mire los pies, hay alguien caminando en medio.
—Busquen otra cámara, quiero ver cuándo suben a la camioneta —los gritos del alfa se oyen fuertes en todo el edificio.
—Acá está, señor —casi susurrando le dice el joven.
El alfa mira la cámara
—Amplía esa imagen, ahí está ese bulto que lleva en sus brazos; esa es la joven que se llevaron —un golpe fuerte suena en el escritorio; furioso, el alfa se gira, da dos pasos hasta estar frente al jefe de seguridad.
—Ahí lo tienes, ingresaron, pasearon, secuestraron a una de nuestras jóvenes y ¡NINGUNO SE DIO CUENTA DE NADA! —grita frente a la cara del jefe; este se queda duro, no sabe qué responder.
Esto no va a quedar así, serás despedido de tu puesto, no me sirves si frente a tu cara se llevan a las personas, muéstrame cómo sale esa camioneta de aquí.
A un joven del miedo se le caen las cosas del escritorio; otro empleado busca en la cámara y le muestra cómo se van.
—Mire, señor —el empleado enfoca la salida y era como se imaginó el alfa.
—¿Ves? Solo supervisan con la vista; si ellos hubieran revisado moviendo las cosas que llevaban detrás, la hubieran visto a la joven, aunque la llevaran tapada.
Está despedido; el alfa se retira, se va a su despacho.
El beta permanece en silencio, sigue al alfa, sin decir nada.
—Vamos —dice y saca tu teléfono, mientras realiza una llamada.
—Hola, ya averigüé qué sucedió con la joven; la tienen los vampiros, pero yo me encargo de que la traigan sana y salva.
No llore, que la van a tener que traer hoy mismo; si no, iré yo mismo a buscarla.