Todos sueñan con una hermosa pareja
Quiero felicitarlos por cómo actuaron hoy con respecto a lo que sucedió con los niños.
Me gustó la actitud que tuvieron y cómo resolvieron el problema. Aquí en nuestra manada se les enseña desde cachorros a respetar al prójimo, eso lo deben aprender y cumplir todos.
También deben aprender a colaborar con los miembros de la manada.
Mañana se tomarán medidas con las familias de esos niños y veremos cómo es el manejo de su maestra; si no se cumplen las leyes del grupo, serán sancionados y pueden recibir duros castigos.
Para mantener el orden en esta manada tan grande, se deben respetar las leyes; si no, esto sería un caos.
Así que los felicito, muchachos, esta es su primera misión y fue todo un éxito —el alfa les da la mano y los felicita uno por uno.
Ellos se sienten tan agradecidos de recibir esa felicitación, que sonreían como si hubieran ganado un gran premio, ahora sí se sienten orgullosos.
El jefe del grupo respira aliviado; pensó que habían cometido algún error.
Bueno, ahora también quiero conversar con ustedes otro tema. Sé que se fueron muy molestos de aquí, porque decían que patrullar a la tarde era como dar un paseo.
Acá queda claro que en la tarde también se suceden algunos problemas.
Por sus cortas edades, los problemas que se pueden presentar, ustedes los pueden solucionar y hoy lo demostraron; en cambio, algún problema que pueda pasar durante la noche, capaz se vuelve difícil de enfrentar, pero una vez que adquieran experiencias, comenzarán en el horario del atardecer.
Pero de algo deben estar seguros, que siempre deben patrullar con mucho cuidado y abriendo bien grandes sus ojos y estar bien alertas con los cinco sentidos.
Y actos como estos no se pueden volver a repetir y yo no los voy a tolerar.
Bueno chicos, estoy muy orgulloso de mi nuevo escuadrón; ahora vayan por un buen refrigerio.
Yo debo averiguar quién es esa familia y compensar a esa niña.
¿Saben cómo se llama?
—Sí, papá, se llama Kaleia —el alfa de pronto se palidece y luego reacciona.
—Kaleia, ¿y cómo está ella?
—Bien, papá, yo mismo curé sus heridas y ella dejó de llorar —a Demian le dolía recordar su tierna carita llorando.
Ella fue muy valiente y luego que le curé las heridas, le dije que no crea que es fea, porque ellos lo dicen, porque, papá, no sabes lo bonita que es esa niña y hasta su mirada es hermosa, ¿no, chicos, que Kaleia es hermosa? —describe a Kaleia con tanta ternura.
—Sí, alfa, es muy bonita —el alfa deja de sonreír, no le gusta que los niños vean a Kaleia con los mismos ojos que Demian.
—Sí, hijo, la conozco y sí es muy bella.
—Bueno, vayan por su comida.
Cuando los niños salen del despacho, el alfa se desespera, olvidando que su luna lo espera en su habitación.
—Beta, ven urgente a mi despacho, el Alfa lo llama por su conexión mental.
—Sí, ya voy –en unos segundos ya estaba en su despacho, entra y lo encuentra en una llamada, se sienta y espera.
—Pero ¿cómo está ella? ¿Ya la vio su pediatra? Si no, dime y la llamo, ¿No crees que debemos hacerle una resonancia en su cabeza para ver algún golpe interno? Es mejor llevarla al hospital y que la revisen —el alfa está muy nervioso, se angustia por saber cómo está la niña, se lo siente en su voz.
—No, alfa, tranquilo, ella está bien, solo fueron rasguños.
Muchas gracias por su preocupación y le da las gracias a Demian de parte de toda mi familia, por proteger a Kaleia, si él no hubiera llegado a tiempo, la hubieran lastimado mucho más.
—¡Qué bueno que está bien!
—Sí serán dados, dile a la princesa que mañana la veré en la escuela, yo mismo iré a hablar con esos niños y voy a investigar a sus familias y veremos cómo la tratan de ahora en más, si no, serán severamente castigados —el alfa va a proteger a Kaleia toda su vida.
—Gracias, alfa.
—Adiós, Taiel, saludos a la princesa.
—Sí, señor.
Luego de despedirse, cuelgan.
—Amigo, acompáñame, nos vamos de compras.
—¿Qué le sucedió a la princesa? ¿Ella se encuentra bien? —el beta estaba furioso como el alfa.
—Unos niños ingratos le arrojaron piedras y la lastimaron, Taiel dice que está bien, pero yo mismo quiero ir con mi médico personal y asegurarme de que está bien —se nota el malestar y la preocupación en su voz.
—Sí, mi alfa, salimos y ya estoy marcando a tu médico.
Mientras ellos van a la juguetería y la tienda de ropa, el médico va a ver a Kaleia, quien era mimada por toda su familia.
Mientras ella jugaba con sus juguetes, golpean la puerta.
—¿Taiel? —pregunta sonriendo —Hola, soy el médico personal del alfa, me envió a revisar a Kaleia.
—Hola, no era necesario, ella está bien —nerviosa lo hace pasar —Pase —y con la mano le señala la sala.
—Ella es la princesa, hace rato tenía ganas de conocerte —se sentía feliz por fin la tenía enfrente, era como admirar un tesoro.
—Hola, hermosa, ¿cómo estás?
—Hola, bien —responde con su dulzura característica en ella.
—Ven, Kaleia necesito ver esas heridas —mientras sacaba sus instrumentos.
—Pero ya me curó Demian —ella le contaba emocionada.
—Sí, está muy bien lo que hoy hizo Demian, pero él no es médico y no sabe si necesitas un antibiótico o una sutura si la herida es profunda —mientras la toma en brazos y la sienta en la mesa.
Con mucho cuidado revisa las heridas y puede evaluar que son superficiales; las vuelve a curar y pone nuevos vendajes.
—Bueno, princesa, ya puedes volver a jugar.
—Gracias —responde y vuelve a la alfombra con sus muñecas.
Mientras Taiel y Eliseo conversaban con el médico sobre Kaleia, golpean la puerta.
Llegan el alfa y su beta.
—Hola —ellos ya pasan como si fueran de la familia.
—Hola —grita Kaleia y corre a los brazos del alfa y este la recibe con mucho cariño y luego, sin bajarse, saluda al beta.
—¿Cómo estás, mi amor? —se siente la pena y la angustia en su tono de voz.
—Bien, sabes, Demian me curó y me dijo que era preciosa —su sonrisa iluminaba su cara.
—Es que tiene razón, eres muy preciosa —el alfa la abraza, mientras le da un beso en su cabeza; él también se queda pensativo.