El alfa está en el colegio de Kaleia.
—Pasen, por favor —Eliseo los recibe con mucha alegría —Siéntate, ven, beta, ya traigo unas cervezas —rápidamente regresa con ellas en sus manos.
—Muchas gracias, Eliseo —toma asiento con Kaleia en brazos.
—Mira, Kaleia, cuántos regalos para ti —dice el beta y ella se baja del alfa y corre a sus brazos.
—Mira, mami, más muñecas —decía ella emocionada.
—¿Cómo sabes si aún no has abierto tus paquetes? —Taiel la mira y al ver su sonrisa, ya se dio cuenta de que ella podía ver qué había dentro; sonriendo, niega con la cabeza.
—¡Ya lo sabe, verdad! —el beta también se dio cuenta del poder de Kaleia.
Ella los mira sonriendo y sonríen por esa cara pícara que pone al ser descubierta.
—Bueno, vamos descubriendo nuevas habilidades —el alfa se emociona por estas buenas noticias.
—Sí, es increíble, vamos descubriendo nuevas habilidades todo el tiempo.
—Mira, mamá, qué lindos vestidos —Kaleia comienza a ver sus hermosos vestidos y se los prueba frente al espejo —Mamá, me quiero poner este —y eligió uno en color azul francia, sin duda tiene buen gusto, porque es el más bonito de todos.
Se quita rápidamente su remera y se pone el vestido y luego busca sus sandalias y ya cambiada, se acerca —gracias, beta —lo besa y le da un cálido abrazo.
—Gracias, princesa —él corresponde al abrazo.
—Kaleia y al alfa no le agradeces.
—Es que el beta me dio los regalos —dijo ella alzando los hombros, todos sonríen.
—Déjala, Taiel, si tiene razón, él le entregó sus regalos; acá no importa quién los paga —dijo sonriendo. Salud, brindemos por esta belleza y lo bueno de sus habilidades; mientras ellos celebran, Kaleia juega con sus muñecas y el médico la observa cómo ella atrae lo que quiere.
—¿Cómo la encontraste, Liorna? ¿Necesita alguna placa o está bien, fueron golpes superficiales? —el alfa, aun viéndola jugar y actuar bien, sigue preocupado por ella.
—Tranquilo, alfa, que fueron raspones, por suerte, pero me sorprende que no se haya defendido, porque, como veo que mueve las cosas, tiene poder —habla mientras la observa jugar.
—Le explicamos que era muy peligroso para ella que la manada sepa lo que puede hacer, ya hubo varios intentos de raptarla, usted sabe, así que nos obedece, pero también nos duele que la traten de ese modo, que la agredan así; es muy feo y como padres, nos duele —Eliseo desahoga su impotencia con ellos.
—Tranquilo Eliseo, que esto no se queda así, yo mismo mañana voy a la escuela a hablar con esos niños y ya comencé las investigaciones de sus familias y también veremos cómo actúan los maestros y si encuentro que no se están cumpliendo las normas de la manada, comenzaré con graves castigos; todos saben que la falta de respeto, el atropello y la violencia yo no lo voy a tolerar y quien no cumple sabe cuál es su destino. Yo debo poner orden; si no, nuestra manada en un tiempo se convierte en un caos.
—Te lo agradezco mucho, alfa, por Kaleia y para que no vuelva a suceder más a ningún cachorro de nuestra manada.
—No me agradezcas, es que las normas son esas y hay que respetarlas.
Luego de ver que Kaleia está bien, ellos se retiran.
Al día siguiente, el alfa con parte de su comitiva llega a la escuela donde estudia Kaleia.
—Buenos días, alfa —la directora lo recibe en su despacho.
—No son tan buenos para nosotros; ya debe estar enterada de lo sucedido ayer con los niños. Acá está parte de mi equipo, que le va a solicitar algunos datos y espero que colabore y si se detecta alguna irregularidad en la enseñanza de ellos, usted será destituida de su cargo, así como lo oye.
El alfa se levanta y se va con su beta al aula de Kaleia, dejando a la directora aturdida por sus palabras.
Entran al aula y Kaleia les sonríe, pero no corrió a abrazarlos como siempre; el alfa le guiña el ojo y luego se acerca a la maestra.
—Niños, saludamos al alfa —ordena ella.
—Buenos días, alfa —responden los niños de pie junto a sus mesas.
—Buenos días, niños, ya se pueden sentar.
Señorita, necesito un minuto para hablar con los niños; ¿podría acercarse a la dirección, que mi equipo quiere conversar con usted?
—Sí, alfa, a sus órdenes —ella sale del aula sin decir una palabra.
—¿Qué están haciendo? —pregunta el alfa para comenzar a hablar.
Varios niños levantan la mano, pero él le da permiso a una niña.
—Estamos haciendo un trabajo sobre la violencia y lo malo que es —responde sonriendo la niña.
—¿Y por qué están haciendo ese trabajo? —el alfa los observa y ninguno levanta la mano.
—¿Ustedes saben por qué hoy estoy aquí?
—No —responden ellos; Kaleia está tan seria como los demás niños. El alfa, cuando lo nota, la llama y la toma en brazos y luego vuelve a su cara seria.
Yo estoy hoy aquí por lo que ustedes le hicieron ayer a esta hermosura, a una compañera de ustedes. ¿Por qué hicieron ese acto tan salvaje?
El alfa los observa y no se mueven, están quietos, temerosos y con sus ojos llorosos. Decide aflojar un poco y no ser tan duro.
Bueno, yo vine hasta aquí para hablar con ustedes porque lo que hicieron ayer no es correcto y como en mi manada esa falta de respeto y esa agresión se paga con la cárcel, venía a decirles que la próxima vez que no cuiden de Kaleia, yo mismo vengo y los llevo presos y por muchos años estarán encadenados, recibiendo latigazos y trabajando como esclavos.
Así que de ahora en adelante yo los voy a estar vigilando y si alguno de ustedes lastima a Kaleia u otro niño, yo vendré a buscarlo y lo llevaré como mi esclavo a ustedes y a toda su familia.
Bueno, ahora acérquense, y todos van corriendo; otra niña se sienta en la otra pierna del alfa igual como estaba Kaleia.
Si yo vengo en unos días y se están portando bien, les prometo juegos nuevos para su patio.
Todos los niños se tiraron sobre el alfa, que casi lo hacen caer, nunca había recibido tanto afecto junto.