La tormenta que regresa El aire estaba inquieto, no era viento, no era lluvia, era advertencia, Kaleia lo sentía en la sangre, desde el secuestro, algo dentro de ella había cambiado, la pócima de los hechiceros, mezclada con la droga que intentó debilitarla, no la destruyó… la despertó, ahora su poder no dormía, latía con mucho más poder. Demian entró a la sala del consejo con el ceño fruncido, su energía era eléctrica, tensa. —Nuestros exploradores confirmaron movimiento en la frontera sur. El silencio cayó sobre la manada reunida. El Alfa se puso de pie lentamente. —¿Orfeo? Demian asintió. —No viene solo. Kaleia cerró los ojos un segundo y lo vio, él era oscuridad, ambición y obsesión. Orfeo no había terminado con ella. En otro territorio, lejos del bosque, la discusión era feroz

