Es que no quiero usar mis poderes

1127 Words
Es que no quiero usar mis poderes Matius se termina de cambiar, se prepara para ir a conocer a la princesa se acerca a la habitación de Odelia. —Príncipe —saludan los guardias y le abren la puerta; él pasa y se dirige hacia la cama. —Ella es la famosa hechicera, porque la que tanto esperaste —se acerca y al verla se sorprende de su belleza, queda impactado por Odelia —Es preciosa, papá, tiene el rostro como una verdadera princesa, una diosa del Olimpo. Mientras ellos hablan, Odelia se comienza a mover y se está por despertar. Cuando lo hace, fue el momento preciso; cuando Matius estaba por tocar su mejilla, ella se sobresalta al verlo, luego abre y cierra los ojos y se los frota, pensando que aún está soñando. —Calma, despacio, que te puedes lastimar tus hermosos ojos —Matius le toma la mano con suavidad, con cariño; ella sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo y Matius también lo sintió. Ambos se miran sorprendidos, admirando la belleza del otro, sin darse cuenta de que no están solos. —Donde estoy, esto es un sueño, ¡Verdad! Odelia comienza a observar toda la habitación y se da cuenta de que no está sola. —¿Dónde estamos? —y de repente comienza a recordar, se asusta, se corre para atrás, pero ya el respaldo de la cama no le permite moverse, comienza a lagrimear, se nota el terror en sus ojos. —Tranquila, no te haremos daño, no nos temas, solo queremos ayudarte. —¡Mentira! Ustedes me secuestraron, me sacaron de mi hogar, no me toquen, me quiero ir —comienza a llorar, se levanta de la cama e intenta caminar, pero tropieza con la alfombra y cuando Matius nota que está por caer, la toma en sus brazos, quedando sus rostros pegados, respirando tan cerca que sus labios casi se rozan. Las doncellas se cubrían la boca para evitar reír; el rey, orgulloso de que la princesa se enamore de su hijo, suavemente toca el brazo de su reina y le sonríe feliz; todo está saliendo mejor de lo que él se esperaba. —¡Suéltame! —grita. —Espera, si te suelto te caes, déjame ayudarte —él la sujeta de la cintura y la pega más a su cuerpo para ayudarla a pararse; mientras lo hace, el perfume de Matius entra por su nariz y la hace estremecer. Un escalofrío la despierta de su enamoramiento. Pero no puede dejar de mirarlo a los ojos. —¡Eres hermoso! —dice casi en un susurro, pero Matius pudo oírlo. Lentamente la ayuda a establecerse. —¿Estás bien? —Matius la observa, pero no puede dejar de mirar esos bellos labios tentadores que tiene. El rey tose dos veces para comenzar a hablar —Hola, Odelia, yo soy el rey, mi nombre es Orfeo, y ella es la reina Atiza; nosotros somos los padres del príncipe Matius —ella queda fascinada por la presentación; jamás se imaginó que podría estar en un palacio y enfrente de un príncipe tan apuesto y sexy como es Matius. —Quiero que estés cómoda y todo lo que quieras nos puedes pedir y se te alcanzará. —Estas son tus doncellas, ellas son las encargadas de cuidar de ti y velar por que nada te falte, ellas están todas a tu disposición —le explica con dulzura la reina. —Pero no entiendo por qué me eligieron a mí, por qué me trajeron a este palacio —ella los mira sorprendida, aún no entiende nada; dentro de su fascinación está la curiosidad. —Bueno, los dejamos solos para que conversen y se conozcan; luego seguimos conociéndonos. —el rey se acerca, le toma el rostro entre sus manos —Odelia, estoy tan feliz de tenerte en mi palacio y me harías muy feliz si ustedes dos se enamoran y contraen matrimonio; sería el rey más feliz del mundo —luego le besa la frente, con mucho amor y cariño. Odelia se siente tan feliz con todas las atenciones que recibe, que ya se olvidó de que ellos la secuestraron y que está lejos de los suyos. Todo lo contrario, está sucediendo en la casa de Kaleia; cada día la tristeza la inunda profundamente, extraña mucho a su nana. El hechicero muchas veces fue a visitarla y trató de que ella pudiera continuar con su aprendizaje, pero ella siempre le pone alguna excusa y evita comenzar. Un día Kaleia recibió la visita de alguien muy especial para ella, alguien que ama con toda su alma y él es la única persona que logra lo que otros no pueden; lo obedece en todo, sin decir una palabra. Ella está pasando por una tristeza enorme; se pasa la mayoría de las tardes, siempre sentada mirando un punto fijo en el fondo de su jardín; todos creen que recordando a su nana. Como el alfa hablaba continuamente con Taiel, estaba muy preocupado por el estado de ánimos de ella. Un día decidió ir a visitarla para hablar con ella; estaba tan perdida en sus pensamientos que no la oyó llegar. Taiel ya le había comentado de la profunda tristeza que sentía y ahora lo podía observar. —Hola, princesa —ella se sobresalta, se asustó. —Perdón, ¿te asusté? —la abraza fuerte al ver esa tristeza en su rostro. —Hola, alfa —saluda tímidamente, casi en un susurro. —¿Cómo estás, pequeña? —pregunta mientras acaricia suavemente su espalda y besa su cabeza. —Estoy bien —dice, pero su voz suena tan triste, que te da mucha pena oírla. —Sabes, Kaleia, todos extrañamos a nuestros seres queridos, es muy normal estar así, yo te entiendo. Pero ¿sabes qué? Yo necesito que mi manada siempre esté bien y más los ejes principales de la protección. Tú desde que naciste demostraste un poder sin igual, el primero en nuestra manada. Sabes también que los vampiros están detrás de ti, ¿verdad? —ella asiente con la cabeza. Bueno, yo vine primero para ver cómo estás y luego para hablar de algo muy importante. Eres un pilar en mi eje de protección; tú y tus poderes nos pueden proteger de futuros ataques. Por eso yo necesito que tú continúes con tu entrenamiento; eres fundamental para la manada. Ojalá nunca necesitemos protegernos de ningún ataque, pero si es necesario defendernos, princesa, debes estar a la altura y saber utilizarlos. A mí no me sirve que uses tu poder y luego que pierdas la vida por ellos, como sucedió el otro día que casi te perdemos. Necesito que aprendas a controlar tu poder. —Es que ya no los quiero usar mis poderes.
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