Kaleia disfruta de sus entrenamientos
—¿Quién es Kaleia?
—Kaleia, ella es la nieta de la hechicera de la que ustedes hablan, no yo.
Todos se miran sorprendidos, vuelven otra vez al punto de partida, otra vez a buscar y raptar a la joven hechicera.
El rey caminaba molesto; se acariciaba su barba mientras pensaba.
—Odelia, ¿tú nos ayudarías a buscar a Kaleia y traerla a nuestro reino? —el rey la observa ansioso por su respuesta.
—¿Y qué va a suceder conmigo? ¿Me dejarán volver a mi antigua vida?
—No quieres permanecer con nosotros, puedes quedarte tú también, si estás a gusto —Matius la toma de la mano nuevamente y eso a Rey no le gusta; él quiere casar a su hijo con la hechicera.
—No, Odelia, tú no te puedes ir, hay una posibilidad de que seas la nieta del rey Lucien segundo.
Hace unos años venían de visita mi prima con su bebé y su esposo; los atacaron, el auto dio tumbos y luego se incendió. Encontramos los restos de mi prima y de su esposo, pero nunca de la bebé y por tu edad y lo que nos cuentas, puede ser tu su nieta y ellos estarán felices de recuperarte —la reina la abraza y le levanta el mentón —Nada me haría más feliz que mis tíos te encontrarán y seas de nuestra familia —decía emocionada la reina, mientras la acurrucaba en su pecho.
—Ojalá pequeña seas de nuestra familia —sonreía feliz la reina mientras la abrazaba, anhelando que sea Odelia la niña que tanto buscaron.
Rey perdido en sus pensamientos, Odelia, la princesa de los vampiros del reino irlandés; otro golpe de suerte. Si Matius se casa, heredará el reino, más poder y dinero, pensaba mientras se acaricia su barba.
Odelia nos trae a Kaleia y luego se pueden casar.
—Mi amor, ¿en qué piensas, estás muy callado? —la reina lo mira y ella ya se imagina —Seguro en la hechicera, ¿verdad?
—Sí, mi amor, ahora tendremos dos princesas aquí —sonreía, en su interior pensaba que ambas van a favorecer al reino.
—Yo voy a llamar a mis tíos para contarles las nuevas novedades y mañana mismo podremos hacer los análisis de ADN —la reina se va a su alcoba, toma su teléfono.
—Hola, tío, ¿cómo te encuentras? ¿Cómo están todos? —la reina estaba feliz, sonríe y está impaciente para contarles sus sospechas a sus tíos.
—Cariño, te siento feliz, ¿qué ha hecho ese rey para que su reina esté tan contenta?
—Tío, debo confesarte algo que me pone muy feliz, tengo la sospecha de que encontramos a la niña —le contaba con mucho cuidado, con atención y despacio porque era una noticia que, de ser verdad, alegraría a todos, pero temía por ellos que eran mayores.
—¿De qué hablas, mi amor? —la voz de su tío ya no es la misma, está ansioso, se siente nervioso.
—Hay una joven de unos quince años, nos contó que una hechicera la encontró en el bosque, cuando un auto chocó y volcó, dice que ella llegó a rescatarla y cuando quiso ayudar a sus padres a salir del auto, este explotó y las llamas le impidieron ayudarlos.
La Hechicera se llevó a la niña y la crio en la manada de lobos, pero ahora ella está aquí en nuestro palacio.
—Mi niña Atiza está ahí —la emoción lo invade y se lo siente llorar.
Del otro lado, su tío tiembla de la emoción; si es verdad, recupero a su nieta, la hija de su hija, la que pensaron que los lobos habían matado.
La buscaron por muchos días, pero no había señales de la bebé, hasta que desistieron de la búsqueda. Pero hoy todo cambió, todo es alegría, todo es felicidad. Corto la llamada sin despedirse.
La reina se imaginó que seguro corrió a contarle a su tía.
No pasaron más de cinco minutos cuando su tía le devolvió la llamada.
—¡Mi amor, es verdad!, ¿mi Atiza está ahí? —el llanto se siente a través del teléfono.
—Sí, tía, yo la veo igual a Hurrem, pero mañana haremos los análisis de ADN, así están tranquilos y confirmamos que es ella.
—Tu tío está organizando con el piloto, ya volamos para ahí; creo que en dos horas llegamos —la emoción se sentía, en su alegría, en el llanto y en el temblor de su voz.
La reina se despide y sale en búsqueda de Odelia.
—Odelia, mi amor, qué suerte que te encuentro; mira, en unas horas llegarán los que creo que son tus abuelos. Con ellos luego te harás los análisis de ADN y sabremos si eres la hija de mi bella prima Hurrem.
—Hurrem, ese era el nombre de mi madre —una emoción la invade, era la primera vez que le hablaban de su madre, sus manos le temblaban, la voz no le salía y las lágrimas no cesaban de caer por sus mejillas.
—Cuéntame más de mi madre, la necesité tanto —ella se pone a llorar desconsoladamente; la reina la abraza fuerte entre sus brazos.
—Era un ángel tu madre, un ser especial, preciosa, simpática y con un corazón increíble, yodos la adoraban.
Sabes, cuando yo tuve a Matius, ella también quería un bebé, pero tú tardaste en llegar y cuando naciste, dijimos que de grandes se iban a casar.
La reina toma la mano de Matius, de Odelia y las une —Ojalá podamos cumplir su deseo —mira sonriendo.
Kaleia comenzó sus entrenamientos, pero no solo con el hechicero mayor, sino con todos los hechiceros de la manada.
Como los entrenamientos muchas veces salían mal, ya no podían hacerlos en el fondo de la casa, entonces se trasladaron detrás del cuartel, en el antiguo campo de entrenamiento del ejército, ahí Kaleia demostraba sus habilidades.
Muchos de los hechiceros debían cubrirse porque ella arrojaba distintos elementos, pero no siempre iban para el lado correcto.
Ella se frustraba ante estas situaciones y los hechiceros respiraban aliviados, que aún estaban con vida, especialmente cuando utilizaba fuego, madera o piedras. El agua era algo normal que terminará sobre ellos.
Un día un hechicero le hizo una broma y fue Kaleia quien terminó toda mojada, una nube de agua, él la envió sobre Kaleia y ella no se la esperaba, luego se comenzó a reír por lo sucedido y desde ese día comenzó a disfrutar de los entrenamientos y no a frustrarse cuando algo no le salía.