-¿Sobre la oferta o sobre mi hijo? Una pequeña arruga se formó entre sus cejas. -Ambas. -Sí, lo digo en serio. El silencio que persistió se hizo más denso, como una descarga eléctrica entre nosotros. Metí la mano en el bolsillo de mi chaqueta, saqué una tarjeta y se la deslicé por la mesa. Lentamente, su mirada bajó y sus dedos se cerraron alrededor de ella lentamente mientras leía las dos líneas de información escritas en ella: mi nombre completo y mi número de teléfono personal. ¿En serio? ¿Metal? —se burló, dándole vueltas como si la ofendiera—. Eso es, como una estupidez de otro nivel. Solté un bufido. -Perdona, ¿habrías preferido que lo imprimiera en un papel estándar de 20x30 cm y lo doblara? -Podrías haberlo escrito en una servilleta como cualquier persona normal en un bar, m

