Ja, ja, ja. Pero que animal le pico, porque esta así, que piensa el jefe, ¡que por ser el jefe puede gritarme todo lo que se le dé la regalada gana! No… Está equivocado. —Tranquilízate, ya estás aquí y me puedes ver completa —maldito presumido, vanidoso y pretenciosos. Al suave macho machote, la que manda en esta oficina soy yo, no permitiré que me grite, ¡tiene que respetarme! —No me provoques —masculla con voz ronca, antes de que le diga lo que se merece él se acerca a mí, sus besos se adueñan de los míos, saca su lengua me la pasa por el labio, después me succiona el labio inferior y cuando siento la dureza de su pene contra mí—. Tengo ganas de follarte, sé que tú lo deseas, dime ¿quieres que te folle? Quiero decirle que no porque ha entrado como un imbécil, pero la otra parte de mi

