BLAKE ASHFORD Estoy solo cuando finalmente lo acepto. No hay nadie mirando, nadie a quien engañar, ningún papel que interpretar. La puerta del despacho se cierra detrás de mí con ese sonido sordo que siempre me ha gustado porque significa control, porque significa que lo que ocurre dentro queda dentro. Me quito la chaqueta despacio, no por cansancio sino por costumbre, la dejo colgada con cuidado quirúrgico, como si el orden externo pudiera contener el desorden interno que llevo días evitando nombrar. No funcionó. Nada de lo que me he repetido funcionó. Ni la indiferencia ensayada, ni la distancia calculada, ni ese silencio estratégico con el que suelo recuperar ventaja cuando alguien cree haber ganado terreno. Con cualquiera más habría sido suficiente. Con ella no. Y eso es lo que me

