BLAKE ASHFORD La rutina me estaba matando. Un mes entero de audiencias, expedientes y visitas a ese maldito edificio en ruinas donde Mariana criaba a sus hijos. El caso pro bono era un animal hambriento que me devoraba horas y energía. La prensa afuera, los inspectores con cara de burócratas, mi padre respirándome en la nuca para que “limpiara la imagen de la firma”. Y en medio de todo eso, silencio absoluto de Gigi. Ni un mensaje, ni una provocación, ni un maldito “live silencioso”. Nada. Y ese vacío me carcomía y me calmaba al mismo tiempo. Porque sentía que recuperaba control, sí, pero cada noche la pregunta me perforaba: ¿qué estará tramando la reina? Tuve sexo solo dos veces en el mes. Mujeres de bar, copas, cama, condón, orgasmo tibio, taxi y adiós. Aburrido. Limpio. Insípido. Yo

